10 millones de toneladas de pescado se descartan cada año

Representación gráfica de los datos históricos de descartes de pesca. Crédito: UBC Public Affairs

Que tenemos un problema con nuestras prácticas pesqueras queda fuera de toda duda. La manera en que explotamos los recursos marinos no es sostenible. Pero la pregunta que hay que hacerse en cómo de importante es el problema. En un artículo reciente se dan algunas cifras y explicaciones que nos ayudan a entenderlo.

10 millones de toneladas cada año. Esta es la cantidad de pescado perfectamente válida para consumo humano que se descarta cada año a nivel global. Y aquí tenemos un detalle importante de este estudio: de lo que estamos hablando no es de conservación de los mares – mejor dicho, no sólo – si no de alimentación de la humanidad.

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Estos 10 millones de toneladas nos pueden parecer demasiados. Y hay que tener en cuenta que es la media de la última década, entre 2006 y 2016. Pero si pensamos en qué se descarta, y por qué, podremos ver que la cifra no es una exageración.

Una parte importante de los descartes de pesca vienen de un factor clave: las artes de pesca empleadas. Dependiendo de qué se utilice para capturar los peces, algunos ejemplares quedan dañados. Por ejemplo, si se emplean redes de arrastre. Y esos peces se tiran directamente por la borda, porque los pescadores saben que no van a ser vendidos. O al menos, no al mismo precio.

Con este motivo explicamos parte del problema. Relacionado está el tema de las tallas. Algunos peces son demasiado pequeños para que interese llevarlos a puerto – o incluso pueden suponer un problema si las autoridades lo detectan – así que “se devuelven al mar”. Que la idea no es mala, pero si el pez ya está muerto o muy debilitado, no se gana nada.

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En otros casos son especies fuera de temporada. Cuando se echan las redes al mar, éstas no diferencian por especies. Sí por tamaño, y capturan lo que tenga una talla determinada y de ahí para arriba. Pero si el pez no está en temporada, por mucho que se haya capturado, se descarta. O si sólo se aprovecha una parte del pez, todo lo que sobra se tira. Aunque se pueda emplear en la industria alimentaria o alguna relacionada.

Y si todo esto genera problemas y nos puede parecer reprobable, el último factor es aún peor. Los pescadores están realizando un trabajo, eso lo sabemos y tenemos que aceptarlo. Y como es lógico, tratan de maximizar sus beneficios. Pero no todo debería valer. La práctica conocida como high-grading es el ejemplo perfecto.

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Consiste en capturar tantos peces como se pueda. Y cuando ya se tiene la suficiente cantidad… se sigue pescando. Si el siguiente pez que se captura es de mayor tamaño, simplemente se descarta alguno de los pequeños. Si no lo es, el que se descarta es el recién pescado. En ambos casos se devuelven al mar los cadáveres de los peces sin que se aprovechen.

La situación parece bastante mala, pero ¿realmente lo es? Hay un dato más, que es al mismo tiempo esperanzador y deprimente. Hoy en día se descartan 10 millones de toneladas cada año, pero hace apenas quince años la media era de 18 millones de toneladas. Estamos mejor, se descarta menos… pero la explicación que dan los investigadores es que no se trata principalmente de buena voluntad o mejora de las prácticas. Como hay menos peces, como los mares han sido esquilmados, hay menos que descartar. Lo que debería preocuparnos, tanto como consumidores como por lo que significa para la supervivencia de nuestro planeta.