10 mentiras que contamos a nuestro médico

Decía el doctor House, el célebre especialista en diagnósticos de la serie de televisión, que todo el mundo miente, y los pacientes no son una excepción cuando van al médico. Estas pequeñas mentiras, aparentemente inofensivas, son responsables de numerosos errores tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. En Gizmodo han realizado un resumen con algunas de ellas y me ha parecido interesante compartirlas con vosotros, adaptándolas y complementándolas con algunos estudios recientes.

1.       Sí, estoy siguiendo sus prescripciones tal y como me ordenó.

Los tratamientos médicos conllevan frecuentemente un elevado número de medicamentos, algunos de ellos para contrarrestar los efectos secundarios de otros, y no es fácil tomarlos en las dosis y a las horas indicadas por el médico. Nos saltamos la medicación, se nos olvida alguna pastilla o algo aún peor: abandonamos el tratamiento a los primeros síntomas de mejoría, algo realmente peligroso en el caso de antibióticos.

En su consulta, el doctor necesita saber si realmente te estás tomando la medicación tal y como él te la ha prescrito para determinar si el tratamiento funciona, si hay que ajustar las dosis o si directamente hay que cambiar en otra dirección diferente. En el momento en el que le engañas diciendo que sí estás siguiendo sus instrucciones, estás dando lugar a una confusión en la que el único perjudicado eres tú mismo.

2.       No, no estoy tomando ningún medicamento en estos momentos.

Podríamos decir que aquí ocurre lo contrario que en el primer caso. Esta situación suele producirse por olvidos bastante frecuentes en pacientes, sobre todo en los de edad avanzada. Cuando tú médico te pregunta si estás tomando algún medicamento debes ser preciso puesto que se podrían producir efectos no deseados al mezclarlo con tu nueva medicación. Lo mismo ocurre en el caso de las alergias o intolerancias. Tú médico debe saber cualquier elemento que pueda interactuar con el nuevo tratamiento antes de prescribírtelo.

3.       No he comido o bebido nada antes de la anestesia o la operación.

Una recomendación generalizada antes de realizar cualquier cirugía que requiera anestesia, aún más si se trata de anestesia general, es la de no comer o beber nada varias horas antes de la operación. Es una regla importante puesto que tener la vejiga y el estómago vacíos previene complicaciones durante y después de la intervención.

La anestesia suele conllevar diversos efectos secundarios, incluidos mareos, vómitos, diarrea… Seguir el consejo y los plazos prescritos por tu anestesista reduce el riesgo de tu propia operación.

4.       No, yo apenas bebo alcohol.

Durante mucho tiempo se ha mantenido la creencia de que un poco de alcohol no era perjudicial para la salud. Incluso muchos expertos afirmaban que una o dos copas de vino diario no solo no hacían daño, sino que tenían ciertos beneficios. Sin embargo, la ciencia avanza y nuestros conocimientos sobre el tema se han ampliado con nuevos y más detallados análisis de sus efectos. Los estudios más recientes contradicen esta creencia popular tan extendida y señalan que incluso un consumo moderado de alcohol está conectado a múltiples causas de cáncer.  

Otra cuestión que produce complicaciones en el diagnóstico y posterior tratamiento es la idea que cada persona tiene sobre su consumo de alcohol. Lo que para algunas personas puede significar “un poco”, para otras supone mucho más: Es muy importante que seas preciso a la hora de cuantificar cuánto alcohol ingieres exactamente para que tu médico lo tenga en cuenta a la hora de tratarte con garantías.

5.       No, yo no fumo.

A estas alturas todo el mundo sabe que fumar es perjudicial para la salud. Las prohibiciones extendidas  a casi cualquier espacio público y las constantes advertencias por parte de las autoridades sanitarias han conseguido que el tabaquismo sea mal visto socialmente. Resulta sorprendente el número de personas que mienten a sus médicos ocultando que fuman, a pesar de las enormes implicaciones negativas que puede acarrear a la hora de planear un tratamiento.

Otro de los “olvidos” frecuentes suele afectar a exfumadores recientes quienes, incluso habiendo fumado durante años, no le cuentan al médico su adicción por considerarla ya superada. Incluso si llevas meses sin fumar, debes indicar a tu médico claramente durante cuánto tiempo has fumado y en qué cantidades lo hacías diariamente.

6.       No, yo no tomo drogas.

Nos enfrentamos al mismo supuesto anterior con el agravante de que las drogas además tienen un componente de rechazo social y legal que aumenta las posibilidades de que un paciente mienta a su médico sobre su utilización. El peligro además es mucho mayor porque existe un enorme abanico de drogas que desarrollan diferentes efectos sobre su usuario y sobre determinados medicamentos.

Pondremos un ejemplo: Si una persona está sufriendo un ataque de corazón y es consumidor de cocaína, el médico debe saberlo inmediatamente porque no podrá administrarle algunos medicamentos que se suelen utilizar en pacientes con infartos pero que tienen graves contraindicaciones unidos a la cocaína.

Si tienes dudas a la hora de informar a tu médico sobre este espinoso tema, recuerda que esa información es confidencial y que los profesionales sanitarios solo la utilizarán para tu beneficio a la hora de diagnosticarte y tratarte.

7.       Hago ejercicio regularmente y llevo una alimentación sana.

Es probablemente la mentira más extendida en las consultas de todo el mundo. Afecta a todo nuestro estado físico e influye en la capacidad de tu médico para diagnosticar con eficacia tu problema. Tu alimentación y el ejercicio que realmente realizas influyen en cientos de parámetros (colesterol, arterias obstruidas, corazón…) y no es conveniente que lleves a error a tu médico diciéndole que no llevas una vida sedentaria o que tu dieta es equilibrada.

8.       No tomo apenas analgésicos

El dolor es una de las causas más frecuentes de mentiras en la consulta de un médico. Es una reacción generalizada automedicarse ante cualquier tipo de dolor o sensación incómoda, por lo que también es importante informar correctamente de qué tipo de medicamentos utilizas habitualmente y en qué cantidades.

Si no le dices a tu médico que por tu cuenta ya estás tomando varias pastillas de paracetamol, cuando el doctor realice tu receta lo más probable es que, sumadas, acaben produciéndote una intoxicación. El paracetamol se sintetiza en tu hígado y una sobredosis puede acarrear graves consecuencias.

9.       Exagerar o minimizar los síntomas.

A veces los pacientes creen que si exageran sus síntomas el doctor los tomará más en serio y les recetará medicamentos más eficaces o potentes. Nuevamente es una creencia errónea puesto que puede inducir a malinterpretaciones en el diagnóstico y por supuesto, al igual que en el punto 8, también puede terminar con intoxicaciones.

Por otro lado, paradójicamente, también es muy frecuente que algunos pacientes minimicen los síntomas y le digan al doctor que están perfectamente, cuando en realidad pueden tener algo grave que podría ser tratado correctamente si se diagnostica a tiempo. Ir al médico o a un Hospital no resulta una experiencia agradable para mucha gente y una reacción muy usual es afirmar que ya no te duele tanto o que estás mejor para salir del Hospital y volver a casa. De hecho, mucha gente aguanta demasiado y no va al Hospital hasta que los síntomas ya son insoportables, y en muchos casos intratables.

Para comprender mejor estos riesgos pondremos otro ejemplo: Muchos tipos de cáncer son curables si se detectan a tiempo. Si no señalas e identificas correctamente tus síntomas puedes estar poniendo en serio peligro un tratamiento que podría salvarte la vida si se diagnostica correctamente y a tiempo.

10.   Sí, doctor, entiendo perfectamente lo que me ha dicho.

La jerga de los profesionales suele ser complicada para la mayoría de personas sin formación médica y a veces, por miedo a quedar como ignorantes, decimos convencidos que hemos entendido todo lo que nuestro médico nos ha contado. El consejo siguiente es fundamental: No salgas de la consulta sin tenerlo todo claro, da igual si te lo tiene que explicar varias veces, si tienen que hacerte un croquis o mil dibujos.

Tanto tu medicación, como las horas y dosis, las contraindicaciones o los efectos secundarios que pueden surgir deben quedarte perfectamente claros, y no tengas reparo en pedir que te lo vuelva a explicar de manera más accesible.

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