1 Mes, 26 días y 20 horas, limpio

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Reunidos alrededor de una mesa hay una decena de adictos en recuperación. Están en Nuevo Hampshire, un estado devastado por la crisis de los opiáceos, donde en plena campaña electoral hacia la Casa Blanca tienen muy claro lo que necesitan de un presidente: sanidad universal para EE.UU. EFE/ Cristóbal Herrera/Archivo

Laconia (EE.UU.), 13 feb (EFE).- Reunidos alrededor de una mesa hay una decena de adictos en recuperación. Están en Nuevo Hampshire, un estado devastado por la crisis de los opiáceos, donde en plena campaña electoral hacia la Casa Blanca tienen muy claro lo que necesitan de un presidente: sanidad universal para EE.UU.

Los domingos se juntan para enfrentar sus demonios y surge la pregunta: "¿Qué le pedirían a un candidato si lo vieran?"

Sin necesidad de pensarlo mucho responden casi a la vez: "sanidad universal", "atención psicológica".

Saben de primera mano que cuando los adictos buscan ayuda, chocan con la realidad de un sistema sanitario con muchas carencias que se ha convertido ya en la principal preocupación de los votantes estadounidenses en este ciclo electoral que acabará en noviembre:

Largas listas de espera en los centros de rehabilitación, pérdida de la cobertura médica pública básica por entrar a la cárcel -algo habitual entre los adictos por el delito de posesión de drogas- o sesiones de terapia a más de 100 dólares.

"BEN IS BACK"

Sus adicciones han tenido un efecto devastador en sus familias, tal y como nos enseñaron Julia Roberts y Lucas Hedges en "Ben is Back" (2018) precisamente desde Nuevo Hampshire, estado al que Donald Trump ha descrito como "madriguera infestada de drogas".

Para Carissa Moran dejar atrás a sus hijos no fue fácil, pero tras años de adicción y recaídas su decisión fue firme: lo que realmente quería en la vida era recuperar la sobriedad. "Llegué al punto de que mi hija finalmente me dijo 'te odio mamá, es tu culpa que sea infeliz' y entonces me derrumbé, no quería vivir más".

"Eso fue en agosto y aquí estoy, en febrero. He pasado seis meses sin mis hijos, no tuve a nadie con quien pasar Acción de Gracias, nadie con quien pasar la Navidad. Todo lo que quería era estar con ellos y eso fue lo más duro: mantenerme sobria durante las fiestas porque me sentía sola y vacía", explica.

Carissa, de 36 años, vive actualmente en Laconia en una de las llamadas "casas de sobriedad" que hay en esta ciudad de Nuevo Hampshire, pensadas para que las personas adictas se recuperen lejos de sus círculos más allá de los programas de rehabilitación de 28 días que suelen terminar en recaídas.

Siente frustración por el hecho de estar separada de sus hijos ahora que finalmente está sobria, algo que nunca le había sucedido durante sus periodos de adicción. "Algunos días son duros y los extraño y puedo hablar con ellos por teléfono", explica.

RELACIÓN POR TELÉFONO

Eric Smith tiene 40 años y ya es abuelo, tiene un hijo de 16 que no le dirige la palabra y otro de 21 -el papá de su nieta- con problemas similares de adicción. "Quiero ser un buen padre pero no puedo, y ese es el peor dolor, quiero estar ahí para ellos", cuenta.

Trató de matarse de una sobredosis en verano tras una espiral de años de recaídas, pero esta vez cuando salió de rehabilitación en lugar de buscar a su camello vino a una de las "casa de sobriedad" en Laconia.

Desde que está aquí, Eric habla con su hijo mayor por Facebook "todo el tiempo": "Eso me hace sentir bien, poder estar ahí para él cuando está pasando por problemas porque me necesita ahora y puedo estar para él hoy".

Laconia, capital del condado más castigado de Nuevo Hampshire por los opiáceos, se ha convertido en un "hub" para adictos en recuperación, sostiene Philip Spagnuolo, que abrió la primera "casa de sobriedad" hace dos años y ha visto cómo han proliferado una decena.

Con Eric vive Skye Bradburg, que tiene un hijo de año y medio. Skye, de 23, recuerda el momento en que se escabulló en el baño del hospital para consumir una dosis mientras su novia daba a luz. El pasado 20 de diciembre se inyectó por primera vez y sufrió una sobredosis, ese fue su punto de inflexión.

Asegura que es "mejor padre" ahora a través de videollamadas que cuando vivían bajo el mismo techo y consumía heroína, aunque está haciendo planes para volver con su familia pronto: "Mi hijo aún no habla, pero sabe que soy su padre pese a que no siempre estuve. Cuando me ve en cámara sonríe y hace sonidos".

PASO A PASO

1 mes, 26 días, 20 horas, 54 minutos y 47 segundos. Tyler Meyette lleva en su celular la cuenta desde que consumió drogas por última vez. Está "limpio" desde el 13 de diciembre, una fecha que tiene grabada a fuego y que no quiere perder porque es también el cumpleaños de su sobrina, del que nunca se acordaba.

"Eso me ayuda a mantenerme sobrio, porque digo mierda, no quiero perder ese día, me parece genial poder decir que dejé las drogas en el cumpleaños de mi sobrina", explica Meyette.

Carissa no sabe cuándo estará lista para regresar a casa con sus hijos: "Una cosa de la adicción es que queremos una gratificación inmediata. Cuando estamos mal, nos drogamos y ya no duele más. Así no es cómo funciona la sobriedad".

Eric también espera el día en el que su hijo pequeño le vuelva a hablar. "Probablemente no me cree cuando le digo que esta vez estoy haciendo esto. Así que va a tomar un tiempo, creo".