"Me cuesta coger el sueño porque no sé si me voy a despertar mañana"

César Finca

Borja cumplió el pasado jueves su rutina habitual en Tel Aviv, Israel. Llegó de trabajar, se echó una siesta y de ahí fue directo a la ducha. Eran las 18.30 horas. De repente, escuchó un sonido extraño, distinto, nada familiar para sus oídos: el chillido de las sirenas avisaba de la llegada de un proyectil palestino. Era la primera vez que ocurría en la ciudad 'laica' israelí, un territorio que no habían tocado desde hacía 21 años. Desde entonces, las alarmas se repiten cada día.

La historia de Borja resume la vida de un gallego en medio del conflicto entre Israel y Palestina, recrudecido con el asesinato del líder de Hamás, Ahmed Yabari, después de que los palestinos lanzaran una lluvia de cohetes desde la franja de Gaza. A sus 27 años, lleva viviendo un par de meses en Tel Aviv como enlace de comercio exterior entre Israel y España, pero habla perfectamente hebreo y se conoce la situación de la zona desde que era adolescente.

Entras en pánico los dos primeros segundos, respiras y sales corriendo para ponerte a cubierto. Oyes el "boom" que significa que la 'Iron Dome' (escudo antimisiles) ha interceptado el proyectil en el aire, esperas 10 minutos, contactas con toda la gente que conoces para comprobar que están bien y tratas de seguir con tu rutina. Y así todos los días.”

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Tanto Borja como todos los habitantes de Tel Aviv tienen 90 segundos para correr y protegerse desde que suenan las alarmas: “tenemos suerte; más al sur solo cuentan con 15”. La fortuna también ha querido que, de momento, no se hayan producido víctimas, aunque la desinformación del gobierno israelí se ha instalado entre la población y el gallego sospecha que al menos un proyectil ha impactado en la ciudad.

Los sobresaltos han cambiado, evidentemente, las costumbres de la ciudad. “Me cuesta coger el sueño porque no sé si me voy a despertar mañana; la gente duerme con la ventana abierta y ya no lleva auriculares en los oídos para escuchar las alarmas”, asegura Borja, describiendo, no obstante, la entereza del pueblo israelí ante el conflicto:  “Es dramático ver cómo tu jefa te intenta decir que todo va bien mientras le pregunta desesperada a su hija por WhatsApp si está viva; es dramático cómo, en una alerta, varias personas tenemos que mentir a un niño pequeño diciéndole que hemos venido a hacerle una fiesta”. La fiesta, en realidad, era una reunión en el rellano para intentar protegerse del misil. Ellos no tienen bunker. Si les cae el proyectil, de unos 150 kilos, su vida se termina.

El tratamiento del conflicto en el exterior tiene irritado al gallego, que cree, desde su punto de vista, que se está tratando de manera injusta en España: “He dejado de leer la prensa española porque da rabia; ellos no tienen ni idea de lo que es vivir aquí, la ignorancia es muy atrevida y aquí ya empezamos a estar muy cansados de dormir con miedo”, asevera el comercial.


Borja no justifica en absoluto las decenas de muertos palestinos durante las últimas horas, pero intenta contextualizar el conflicto en los más de 700 proyectiles que se han lanzado hacia Israel desde Gaza: “creo que la situación ha llegado otra vez al límite de ‘si no me matas tú, te mato yo’”, confiesa, mientras critica la actitud de Hamás: “ es una provocación; sé que puede parecer demagogia, pero utilizan a los palestinos como escudos humanos para encender aún más la mecha del conflicto; cómo será que les da igual todo que parte de estos cohetes acaban cayendo en su propio territorio, no saben controlarlos”, denuncia Borja mientras explica cómo las fuerzas de Israel intentan avisar a la población sobre el lugar donde van a caer sus bombas. “Les dicen que no ayuden a los terroristas, pero les da igual”.

El clima en Tel Aviv es, a pesar de todo, más o menos tranquilo, aunque entre la población existe el temor de que un atentado terrorista provoque un estallido definitivo del conflicto. “Espero que no pase nada, porque como ocurra los van a masacrar, sean civiles o militares”, sentencia.

Ahora, Borja, mientras trata de tranquilizar a su familia y amigos, intenta a su vez recuperar la calma, pero su entorno no pone las cosas fáciles. El gallego ya ha hecho amigos en la ciudad. A uno de ellos le ha preguntado este lunes por qué no ha dado señales de vida estos últimos días. ¿Su justificación? Es reservista y pasó todo el fin de semana en Gaza. Un viaje del que algún día podría no volver.

Intensa actividad diplomática para tratar de alcanzar un alto el fuego