En su cuarta jornada, la Pasarela Cibeles ha destilado sensualidad y alguna sorpresa, como el debut en solitario de Ana Locking, una gran apuesta de calidad y buen gusto.
José Miró, un futuro arriesgado El diseñador José Miró ha invadido la pasarela, en el sentido más literal de la palabra, con androides curvilíneos de dudosa procedencia, pero eso sí, ataviados con jeans. La primera parte de su propuesta para el próximo invierno está compuesta por diez aguerridas space cowgirls, que combinan sus vaqueros en denim tratado con ligeros jerséis de lana finísima, a veces casi transparentes, en tonos tierra, camel y crudo. En la segunda parte el estilo futurista se va depurando y se adultera con pantalones pitillo en denim más oscuro decorados con jaretas invertidas, costuras vistas en colores contrastados y aplicaciones de rutilante vinilo. Estos se mezclan con prendas de punto de distintos grosores sin acabar, con jirones de piel y grandes deshilachados. Las escafandras y las máscaras espaciales rematan el look tétrico-espacial. Andrés Sardá, entre cristales y plumeti El negro se hace fuerte en la pasarela de la mano de Andrés Sardá, tiñendo tejidos siempre delicados y sugerentes. El plumeti bordado de cristal, las frágiles muselinas, el tul casi transparente, el raso de seda y, sobre todo, el encaje, son los auténticos protagonistas de su nueva colección de lencería, reinventándose de mil maneras. El color maquillaje se emplea en algunas mallas que se adaptan como una segunda piel y se cuajan de cristales de azabache. Sutiles combinaciones se acortan hasta límites de infarto o se alargan hasta más allá del suelo, ocultando trabajados conjuntos lenceros en tonos burdeos, morados y berenjenas. La sensualidad alcanza a su punto álgido con dos minivestidos de flecos en negro y verde jade y con una doble composición de malla de encaje y metálica. Juanjo Oliva, Untitled La colección de Juanjo Oliva, bautizada como Untitled#, pretendía ser un contenedor de formas, colores, y estilos sin temática concreta alguna. La colección comienza con una serie de vestidos de tafetán en blanco y negro, que el diseñador moldea con total autoridad. Las siluetas amplias conviven en perfecta armonía con otras más ajustadas, algo que ocurrirá a lo largo de todo el desfile. La austeridad cromática del principio no hacía presagiar la explosión de color que vendría a continuación y en la que se mezclarían sin orden alguno azul pato, tierra batida, morado noche, verde lima e incluso algún tono fresa en vestidos de impecable factura. Las siluetas rectangulares se enriquecen con inesperados drapeados y pliegues que se convierten en parte activa de la prenda, y aquellas más ceñidas encuentran su sitio en vestidos con las caderas muy armadas. Kina Fernández, moda cosmopolita Las faldas tubo con pinzas ahuecadas de Kina Fernández, sus gabardinas de charol verde botella y sus suéters de cachemir con escote asimétrico y manga caída no descubren nuevos universos, pero tampoco desentonarían en el marco de la semana de la moda de Nueva York –en París tal vez sí-. La colección de la diseñadora gallega no se inspira en conjunto en ningún motivo retro –si bien algún vestido pin-up largo de noche hacía algún que otro guiño a los trajes años cuarenta de Frida Gianinni para Gucci-. Kina Fernández propone más bien una propuesta de día joven y casual, basada en las superposiciones –tal y como lo lleva haciendo Marc by Marc Jacobs desde hace tiempo-. Por otra parte, los diseños de cóctel se sirven de patrones que incorporan estudiados drapeados y escotes cruzados que conviven con femeninas mangas de cuchara.
Antonio Alvarado, sensualidad sin contemplaciones
En cuatro días de desfiles hemos visto colecciones sensuales, femeninas e incluso pícaras. Sin embargo, pocas propuestas han hablado tan abiertamente de sexo como la de Antonio Alvarado. La mujer de Alvarado es agresiva y se mueve sugerente, contoneándose a lo ancho y largo de la pasarela y recreando todo el glamour misterioso y prohibido del cine negro. Los hombres han exhibido unos pectorales que acompañaban los nuevos boxers, lenceros algunos, del diseñador, mientras que las modelos dejaban entrever sus curvas sirviéndose de minivestidos con capuchas de punto gris semitransparente. Algunos blusones negros exageraban la capucha hasta convertirla en una extraordinaria caperuza, creando una sensación indefinida a medio camino entre el misticismo monacal y un sueño de perversión sadomaso.
Ana Locking camina sola Se trataba del momento más esperado de la presente edición de Cibeles. Reentry, el debut en solitario de Ana Locking tras el cese de Locking Shocking, es lo mejor que hemos visto en Cibeles hasta la fecha. Alejada de cualquier monotonía, la propuesta all black se presenta rica en detalles y las siluetas sobrias, estructuradas y personales esconden un trabajo personal y orquestado. Se trata de una fantástica labor de costura que no entrega funciones a terceros ni deja lugar alguno a la improvisación. Caperuzas al estilo belga, sombreros de época, lazadas, paillettes a modo escama, fulares de pelo de zorro natural, botines, aplicaciones de espejo color azabache, tejidos trenzados, drapeados y ondulantes ruffles en la espalda a modo de aleta… Todo ello forma parte de una bella colección que exhibe un sinfín de matices en negro, pizarra, blanco, gold, luces y sombras, brillos y mates que ponen de manifiesto cómo se puede alcanzar la excelencia basándose, principalmente, en la ausencia de color. Por Cecilia Casero y Pedro Zozaya

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