La segunda jornada de la Pasarela Cibeles se movió entre extremos. Frente a la dulzura bohemia de Miguel Palacio pudimos ver un barroco homenaje de Montesinos a los looks borderline de Amy Winehouse y un particular divertimento en rosa chicle de Davidelfin.
Montesinos viste con volantes a Amy Winehouse
Francis Montesinos ha recurrido al inigualable estilismo de Amy Whinehouse para presentar un conjunto de salidas que nada tenían que ver con su tradicional menú de volantes y mestizaje. Su acertado comienzo kitsch, cargado de cierto humor irreverente, ha ido dando paso a una propuesta que ganaba seriedad y voluptuosidad, dirigiéndonos inexorablemente hacia el Montesinos excesivo que todos conocemos. Su extensa propuesta ha abarcado todo tipo de prendas: vestidos cocoon en punto grosso, cárdigans con divertidos estampados de invierno y abrigos con prints de pata de gallo. Todo ello orquestado en dirección a un barroquismo in crescendo.
Devota & Lomba, militar y futurista
Modesto Lomba ha optado por una línea continuista en relación a los objetivos que se había marcado en anteriores colecciones. Los motivos futuristas con un toque militar, vestidos con pliegues de arista y aplicaciones en forma de cubo que buscan la tercera dimensión se convierten en el sello inconfundible de la firma. En la colección de otoño-invierno 2008/09 existe una menor profusión de materiales sintéticos de tacto frío en favor de la lana y otras opciones mucho más calidas. La noche adopta destellos en plata combinados con malva de una forma homogénea, con gusto y suavidad. Nos quedamos con un vestido largo de raso color amarillo limón, sencillo pero cortado de un modo impecable.
Davidelfin, en rosa
La propuesta de Davidelfin mantiene el aspecto austero, minimalista y estructurado al que nos tiene acostumbrados e incorpora colores y elementos hasta ahora inéditos. El rosa chicle se introduce en la paleta cromática y se combina con el negro con personalidad y precisión. Otra incorporación sorprendente es la de una serie de minivestidos negros de crochet con aplicaciones en forma de flor, absolutamente desconocidos en la trayectoria del joven talento. Los trajes de noche se encargan de poner aún más de manifiesto la excelencia del diseñador en materia de patronaje. Vemos, por ejemplo, el largo y ajustado vestido a rayas que tan bien lució Blanca Portillo en la última edición de los premios Goya, y otros diseños absolut noir de seda, raso y mangas con corte trapecio.
Roberto Torretta: la mujer más fuerte
El diseñador hispanoargentino apuesta de forma decidida por una mujer fuerte, muy consciente de su sexualidad y que, sin embargo, la cubre con prendas más cercanas al armario masculino y de tamaño oversize. El secreto está en el inteligente uso de las medidas y sus distintas combinaciones del que hace gala Torretta. Por una parte, las sisas de las camisas y las chaquetas se relajan hasta más allá del hombro y los contornos se amplían alrededor del cuerpo y, por otra, los vestidos y las bermudas se acortan sin estridencias y los pantalones se estrechan sin llegar a ser pitillos. Las referencias militares también sobrevuelan toda la colección gracias a la acertada situación de las costuras y a la doble botonadura, además de por supuesto, del verde caqui, que Torreta mezcla con rojos y marrones muy apagados. Aunque, sin duda alguna, el color estrella de la colección vuelve a ser el negro.
Miriam Ocáriz, jugando a la esgrima
La diseñadora bilbaína ha hecho una demostración de costura con mayúsculas en la segunda jornada de Cibeles. Ocáriz se inspira en el mundo de la esgrima para buscar algunas referencias de las que parte para luego hacerlas completamente suyas. Las siluetas femeninas se estilizan con interminables pantalones pitillo combinados con chalecos y jerséis de punto fino, también muy marcados, en tonos fríos como el crudo y el marino, que contrastan con la volatilidad de amplios vestidos de gasa con deliciosos estampados en tonos verdes y rosas palo. Sus diseños se cortan en tejidos muy armados que, lejos de "comerse" la prenda, se moldean con inteligencia en la mano de la creadora. Los botones de gran tamaño, las trabillas y los lazos –una de sus señas de identidad- también han estado muy presentes a lo largo de todo el desfile.
Miguel Palacio, entre lazos
Las lazadas de gran tamaño y las telas anudadas formando enrevesados motivos en los vestidos –de nuevo su prenda fetiche- vuelven a ser objeto de estudio por parte del diseñador, alcanzando en ocasiones tintes escultóricos por el mimo que Palacio pone en moldearlos sobre la silueta femenina. Los vestidos –interminables en la primera parte del desfile y minis en la segunda, al contrario de lo que suele ser habitual- se cortan en crêpe de seda y satenes nobles con mucha caída. Las bufandas XXL y los enormes cárdigans con que Palacio los envuelve en ocasiones les resta delicadeza pero no feminidad. Tras la primera parte de la colección, íntegramente en negro, el diseñador va desgranando colores poco habituales en invierno pero más atractivos si cabe, como el rosa fresa o el verde esmeralda, y los alterna con estampados circulares en tonos apagados. Los suntuosos bordados en oro sobre las delicadas gasas y el uso de lentejuelas de colores ponen la nota sofisticada a los vestidos de noche.
Por Cecilia Casero y Pedro Zozaya

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