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    Mondrián, el teósofo

    A lo largo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, un buen puñado de artistas se sintió atraído por las distintas creencias esotéricas y pseudocientíficas que proliferaron en la época: espiritismo, ocultismo, parapsicología, etc.

    Muchos de ellos nunca llegaron a ser muy conocidos pero otros, como el artista holandés Piet Mondrian, se convirtieron en auténticas figuras de primer orden, ganándose un hueco en la Historia del Arte. Mondrian, cuyos diseños neoplasticistas –vistosas rejillas de colores puros y vivos– han sido popularizados hasta la saciedad gracias su utilización en todo tipo de objetos de decoración, constituye uno de los mejores ejemplos de la estrecha relación que hubo muchas veces entre ciertas creencias esotéricas y el arte de vanguardia.

    Piet Mondrian, en una fotografía de 1922 | Crédito: Wikipedia (Creative Commons)


    En su juventud, Mondrian había sido un profundo devoto de la fe calvinista, e incluso se planteó seriamente convertirse en predicador, pero cuando en 1899 un curioso libro cayó en sus manos, desechó la idea y dejó su fe cristiana a un lado. El libro en cuestión era Les Grands Initiés esquisse de l’histoire (Los grandes iniciados), de Édouard Schuré, una obra que ya había influido en algunos pintores simbolistas de las postrimerías del siglo XIX, y que en Mondrian tuvo un efecto devastador.

    Años más tarde se interesó profundamente por la Teosofía (una doctrina filosófico-religiosa que fusionaba creencias cristianas, budistas, hinduistas y ciertas prácticas esotéricas), llegando a formar parte de la Sociedad Teosófica holandesa en 1909. Fruto de estos intereses ocultistas es, por ejemplo, su obra figurativa Evolución (1911), un tríptico que simboliza la búsqueda espiritual del ser humano, a través de las tres etapas del conocimiento.

    La influencia de estas creencias esotéricas se aprecian también en la concepción neoplatónica del pintor holandés, que en ocasiones evocaba al mencionar: “la intuición de dos mundos, el cercano de apariencia superficial e ignorancia individual, y el lejano o elevado al que podemos acceder mediante la espiritualidad”. Así, no debe extrañarnos que el propio Mondrian llegase a declarar que “el arte, aunque un fin en sí mismo, como la religión, es el medio por el que podemos conocer lo universal, y contemplarlo de forma plástica”.

    Tríptico Evolución (1911), pintura influida por las creencias teosóficas de Mondrian | Crédito: Wikipaintings.org …


    No menos importante para el desarrollo de su obra fue su amistad con el también teósofo M. H. J. Schoenmaekers, así como la lectura de sus trabajos, en los que defendía que todos los colores, excepto los tres primarios, eran superfluos; una idea que hizo suya, y gracias a la cual hoy podemos apreciar sus geniales pinturas de rectángulos coloreados y dispuestos en una rejilla de contornos negros.

    Como decía al principio, Mondrian fue sólo uno más entre los muchos pintores de fines del XIX y comienzos del XX que se vieron influidos por este tipo de creencias. Otro de ellos, igualmente famoso, fue el ruso Vasilly Kandinsky, a quien también tendremos ocasión de comentar en un futuro.
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