Ayer se produjo el anuncio del mayor recorte económico en la historia de la democracia: con la polémica subida del IVA al frente, el Gobierno adelantó la supresión de una paga extra a los funcionarios, la reducción de la prestación por desempleo o una reforma de las pensiones, entre otros ajustes. Ajustes que se suman a los que, casi cada viernes, el Ejecutivo ha venido advirtiendo.
Los diputados del PP aplauden a Rajoy. EFELas desgarradoras medidas anunciadas ayer por Rajoy en el Pleno Extraordinario del Congreso fueron recibidas entre aplausos, ovaciones y sonrisas prácticamente de júbilo por los demás miembros de su partido, ante las caras largas y preocupadas reacciones del resto del hemiciclo. Y esto es precisamente lo que choca de toda esta historia, una reacción que no ha pasado desapercibida para los ciudadanos, yuxtaponiendo la imagen del Congreso español con las lágrimas de la ministra italiana de Trabajo cuando anunció los duros recortes.
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Fue el pasado 4 de diciembre. Elsa Fornero, la ministra de Trabajo del Gobierno de Monti, fue primera página en todos los diarios al no poder reprimir las lágrimas públicamente tras la aprobación de unos estoicos ajustes. Era la cara más amarga de la austeridad: acababa de anunciar 25.000 millones de euros de ajustes, entre los que se encontraban el retraso de la edad de jubilación y la subida de impuestos. Conocedora de los sacrificios que esto conllevaría para el pueblo italiano, Fornero rompió a llorar, y consiguió con su llanto que los italianos fueran más conscientes de su crítica situación.
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Pero eso no ha ocurrido en España. Si bien algunos calificaron las lágrimas de Fornero de teatrales, lo cierto es que emocionó a Italia y permitió pensar que verdaderamente los políticos sufren por sus conciudadanos. Si seguimos el mismo razonamiento, lo que ocurrió ayer en el Congreso deja mucho que desear de un Gobierno que está al frente de uno de los países con más dificultades de toda la Unión Europea.
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El PP aplaudía los recortes y se mostraban sonrisas cómplices -hay quien se atreve a decir de satisfacción-, lo que no hizo sino encender la mecha en Twitter, donde muchos usuarios comparaban la imagen de Fornero con lo que acababan de ver en el Congreso. "Una imagen vale más que mil palabras", señalaban. Y, como no podía ser de otro modo, las críticas, las quejas y la incredulidad se hicieron trending topic, también en forma de humor, con viñetas y montajes que corrieron como la pólvora despellejando a Rajoy y sus recortes. Quizá se esperaba más sensibilidad por parte del Gobierno en un día negro -otro más- para los ciudadanos.
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