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    Jano, el dios pagano de los constructores de catedrales

    Busto del dios Jano conservado en los Museos Vaticanos | Crédito: Wikimedia Commons.

    Durante siglos, los collegia fabrorum (gremios de constructores romanos) rindieron una especial devoción al dios Jano (Janus). Esta deidad era representada con dos rostros, cada uno de ellos mirando en dirección opuesta. Esta peculiar iconografía se debía a que era el dios de los comienzos y los finales; razón por la cual se le consagró el mes de enero, Ianuarius en latín.

    Además, se consideraba a Jano el dios de los solsticios, que se interpretaban como “puertas solsticiales”. Así, el solsticio de verano era llamado janua inferni, la puerta del infierno o de los hombres, y el solsticio de invierno, janua coeli, la puerta de los dioses.

     
    Arco dedicado a Jano, foro Boario (Roma) | Crédito: Wikimedia Commons.

    Esta particular devoción se transmitió a los canteros medievales y pasó a la iconografía y doctrina cristianas bajo la devoción a los dos “san Juan”: el Bautista, que tiene su festividad el 24 de junio (solsticio de verano), y el Evangelista, que tiene su festividad el 27 de diciembre (solsticio de invierno).

    Hay casos muy significativos de esta relación entre Jano y los juanes cristianos, en los que esta pervivencia es evidente. El historiador y filósofo francés Jean Hani menciona la existencia de un notable ejemplo en la iglesia francesa de Saint-Remy, en Reims: “En una vidriera aparece un único san Juan, que engloba en una sola figura al Precursor y al Evangelista, fusión subrayada por la presencia, sobre la cabeza, de dos girasoles (los dos solsticios) dirigidos en sentido opuesto: una especie de Jano cristiano, en suma”.

    Representación de Jano en la catedral de Chartres, como símbolo del mes de enero.

    En muchos otros casos, estas representaciones de los juanes relacionadas con el sentido solsticial de Jano aparecen en las puertas de los templos, sobre todo en imágenes de zodíacos que rodean en Cristo. En estos ejemplos, Cristo es un símbolo de la puerta del cielo, y los signos zodiacales suelen aparecer “ordenados” desde el solsticio de invierno hasta el de verano.

    Curiosamente, estos “puntos” solsticiales suelen estar marcados en la puerta mediante la representación de los dos juanes. En estos casos, el significado de esta iconografía es bastante clara: ambos juanes señalan dos momentos claves de la historia de Cristo. Uno anunciando su llegada –el Bautista–, y otro vaticinando su segunda venida, el Evangelista.

    Este culto a Jano, y más tarde a los “dos san Juan” en las logias medievales, se conserva en la masonería actual, pues en ella las fiestas solsticiales y los dos juanes tienen gran importancia.

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