Ronald Poppo, acompañado en el hospital durante su rehabilitaciónCuando Robert Poppo sonríe, es difícil reconocerle. Al menos eso dice el personal del hospital Jackson Memorial que lo está tratando, pero lo sorprendente de la declaración no es que este neoyorkino de 65 años esté en mal estado, sino que sonría: él fue la víctima, el pasado 26 de mayo, del 'caníbal de Miami', un hombre desnudo que lo redujo en las calles de la ciudad del estado de Florida, lo desnudó y empezó a comerle literalmente la cara. Para cuando la policía consiguió poner fin al episodio, el hombre desnudo había masticado el 80% de su rostro.
De ahí que ahora esté en tan mal estado: en unas fotografías publicadas recientemente por el hospital, se ve que tiene dos tercios de la cara cubiertos por postillas, le falta la nariz y tiene los dos ojos tapados: "Cuando llegó al hospital tenía el ojo izquierdo esencialmente destruido y tuvimos que amputarlo; esperamos que en el futuro se pueda recuperar un poco de visión en el otro, pero no sabemos si será posible", ha asegurado el cirujano plástico Wrood Kassira, uno de los encargados de cuidarle.
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También ha sufrido daños en el cerebro. Nada permanente, dicen, pero sí indicativo de lo brutal del famoso ataque, del cual todavía no se sabe casi nada nuevo. La policía sigue investigando y aún está el metraje de las cámaras de seguridad que muestran a Rudy Eugene, su atacante, columpiándose en una farola antes de ir a por él, de arrancarle gran parte de la cara a mordiscos y de gruñirle a los policías que se acercaron a reducirle. Todavía no se sabe qué le pasaba a Eugene. Se especula que estaba bajo la influencia de una poderosa droga de factura relativamente reciente, llamada sales de baño, pero habrá que esperar a los resultados de la autopsia.
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Robert Poppo en una imagen de archivo de la policía de Miami (Reuters)Pero, en un alarde de ánimo, Poppo asegura estar bien. "Le complace anunciar que se siente bien: está comiendo y paseando y hablando con nosotros", explica Nicholas Namias, cirujano y co-director del centro médico. Ha pasado ya por tres operaciones y las que todavía le quedan (ha hecho falta, por ejemplo, quitarle piel de la frente y del cuero cabelludo para taparle uno de los ojos), pero no tiene prisa para que empiece el proceso que le reconstruirá la cara. De momento, pide pizza y comida italiana y charla con las enfermeras. "Está viviendo el momento y solo quiere hablar de cosas rutinarias", añade Namias. "Es muy alegre. No me ha dicho nada negativo. Nunca he usado esta palabra en mi vida para describir a alguien, pero es encantador. De verdad".
Ha pedido, eso sí, que no se encienda la televisión de su cuarto. Solo ha hablado del ataque una vez, con una de las enfermeras. Y aunque es cierto que a este licenciado universitario que lleva vagando las calles de Miami desde hace años no le ha visitado ningún familiar, parece que podrá pagar las facturas: la Fundación del hospital ha creado una cuenta para recibir donativos y ya han acumulado unos 15.000 dólares. Lo demás espera pagarlo con los diferentes seguros sociales disponibles en su país.
Fuente: Yahoo! US
