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    Un juez de EE UU ordena que Massachusetts pague la operación de cambio de sexo de un preso

    Robert Kolisek, tras su detención por homicidio en 1990 (AP Photo/New Rochelle Police Department, File)Robert Kolisek, tras su detención por homicidio en 1990 (AP Photo/New Rochelle Police …El colectivo de transexuales estadounidenses se apuntó el martes una victoria legal sin precedentes. El juez Mark Wolf, de Massachusetts (Estados Unidos), dictaminó que la operación de cambio de sexo por la que Michelle Kosilek llevaba años piando desde su celda en una cárcel para hombres de Boston era un imperativo y que el Estado debería pagar los 20.000 dólares que puede costar. Todo un precedente legal en un país en el que muchas compañías aseguradoras todavía opinan que el cambio de sexo es una cirugía voluntaria y no una necesidad.

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    La sentencia, que el senador republicano Scott Brown ha tildado de "abuso a los dólares de los ciudadanos estadounidenses", proviene de un juicio que empezó hace 12 años. Kosilek ya estaba en la cárcel para entonces, procesado por el asesinato de su esposa, Cheryl, -con la que se casó en 1990 bajo su nombre original, Robert- pidiendo que le permitieran seguir con su tratamiento hormonal e incluso le costearan la operación. El no hacerlo, aseguraba, como aseguran todos aquellos que se sienten de un género diferente a aquel con el que han nacido, le estaba causando una gran cantidad de angustia, ansiedad y dolor emocional. Se le permitió seguir tomando hormonas y ser una mujer en una cárcel de hombres, pero nada más.

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    MIchelle Kolisek, tras años de tratamientos homornales, en 1993 (AP Photo/Lisa Bul, File)MIchelle Kolisek, tras años de tratamientos homornales, en 1993 (AP Photo/Lisa Bul, F …Así que Kosilek volvió a demandar al Departamento de Correcciones estadounidense en 2005, asegurando que lo que pedía no era un capricho, sino una necesidad médica. Y así dio con Mark Wolf, el primer juez que entiende que la cirugía "era el único tratamiento adecuado" para alguien como Michelle. Alguien que, como se ve en miles de cárceles por todo el país, solo podía aspirar hasta ahora a que le financiaran el tratamiento hormonal y le permitieran ir a psicoterapia de vez en cuando. "No hay otra manera menos intrusiva de corregir la violación al derecho de disfrutar de la Octava Enmienda [la que prohíbe al gobierno de EE UU a ser excesivamente cruel con sus presos] que ha estado sufriendo Kosilek".

    A la prisión no le ha hecho especial gracia la sentencia. De momento se niegan a comentar en profusión pero adelantan que piensan recurrirla, aduciendo la preocupación clásica de que cambiarle el sexo a un preso en una cárcel de hombres puede poner en peligro su seguridad. El juez Wolf desechó estas preocupaciones, alegando que "o bien son pretextos o se pueden resolver". Añadió que Kosilek había demostrado que esos miedos eran disfraces para "el miedo a la controversia, crítica, ridículo y escarnio".

    Michelle Kosilek, por su parte, no podría estar más contenta. "Todo el mundo tiene derecho a que se atiendan sus necesidades médicas, estén en la cárcel o en la calle", defendió por teléfono. "La gente que está en la cárcel y tiene mal el corazón, la cadera o la rodilla reciben cirugía para reparar esas cosas. Mis necesidades médicas no ni más ni menos importantes que las de la persona con la que comparto mi celda".

    Fuente: San Francisco Gate

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