Marcel Gleffe (AP/Ulrich Kraetzer/dapd)Las tragedias más grandes, por crueles e innecesarias que sean, se suelen ver aliviadas por pequeñas muestras de heroísmo y humanidad protagonizadas por hombres cotidianos que saben cómo responder en el momento adecuado. En el caso de la matanza de Utoya, donde los disparos de Behring Breivik acabaron con la vida de decenas de jóvenes que asistían a un campamento de verano para políticos, se gestó la hazaña de Marcel Gleffe.
Gleffe es un techador alemán de 32 años que se encontraba de vacaciones con sus padres en un hotel cercano a la isla de Utoya. Fue el primero en oír los disparos de Breivik y,antes de que llegara la policía o los equipos de rescate, él ya había hecho varios viajes con su barca para salvar a una veintena de jóvenes.
Cuando Breivik abrió fuego en Utoya, Gleffe estaba tomando un café con sus padres no muy lejos de allí. Rápidamente entendió lo que estaba pasando: "sé diferenciar entre un fuego artificial y un disparo - le contaría más tarde al periódico Daily Telegraph - y supe que eso no era ninguna tontería; actué por instinto".
Bastó un vistazo con sus prismáticos para entender que la situación era grave. "Vi a dos jóvenes que estaban huyendo de la isla a nado. Más tarde, granadas de humo y ráfagas de un arma automática", prosigue.
El equipo de rescate de Utoya (AP Photo/Frank Augstein)
Lejos de huir o esperar a las autoridades, Gleffe saltó a su barca y se dirigió a la zona. Distribuyó chalecos salvavidas entre los jóvenes mientras estos le preguntaban a gritos si era la policía. La confusión era absoluta. Algunos le dijeron que quien les disparaba era un agente de policía; otros gritaban que era un terrorista; casi ninguno sabía si podrían confiar en él.
Gleffe sacó del agua a cuantos pudo y los puso a salvo. Hizo esto unas cuatro o cinco veces, según contó al periódico local de Daglabet, hasta que rescató a unos 20 jóvenes. "Se portaron bien; se ayudaban unos a otros y se organizaban; me indicaban quién necesitaba primeros auxilios y quién debía subirse al barco primero. 'Llévatelo a él, llévatelo a él', decían", describe. Fue entonces cuando llegó la policía y le pidió que parara. "Se coordinaron bien con los equipos de rescate - remacha Gleffe - pero llegaron demasiado tarde. Al principio, yo estaba solo".
