Ostras, la clave del complejísimo plan de suicidio de (Steven Hayes Lionel Bonaventur …Steven Hayes quería dejar de vivir. Lo había intentado antes de entrar en la cárcel, cortándose las venas primero y luego estrellando el coche de su madre. En 2007, este hombre se vio implicado en uno de los asesinatos más famosos de los últimos años, los conocidos como la invasión de Cheshire (Connecticut). Hayes y un cómplice, Joshua Komisarjevsky, habían invadido una casa familiar de ese pueblo de Connecticut.
Aunque 'solo' pensaban robarles sus bienes y obligarles a extraer a 15.000 dólares del banco, las cosas se complicaron: Komisarjevsky terminó violando a la niña de 11 años y Hayes asesinando a la madre y a las dos hijas. En enero de este año, se le encontró culpable y se le encarceló en el corredor de la muerte, a la espera de ser fusilado.
Uno diría que había conseguido su deseo, que por fin este chaval de problemático pasado que nunca supo medir el tamaño de los problemas en los que se metía iba a conseguir dejar este mundo. Pues no. Resulta que Hayes había hecho un pacto con su abogado para no morir a manos del Estado y él lo había interpretado de tal forma que seguía con toda la intención de matarse. Y, para tal fin, elaboró un plan muy característico de alguien que, como él, tiene una peligrosa capacidad para que los planes tengan un resultado catastrófico: todo dependía de unas ostras.
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Hayes empezó a mentirle a la policía y se inventó que había matado a otras 17 chicas, a las cuales había drogado y violado previamente. Sabiendo que esa afirmación necesitaría pruebas, falsificó cartas de despedida que, supuestamente, les había obligado a escribir. "La idea era que se encontraran al menos dos o tres de estas cartas", escribió más tarde Hayes. "Las chicas habrían desaparecido unas horas y las notas tenían que dar la impresión de ser lo que yo estaba buscando: alguien que se hubiera fugado de casa, alguien a quien había dejado su pareja, o una prostituta drogadicta".
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La idea era que Hayes iba a tentar a la policía con esa información y disfrutar de las cosas que le iban a ofrecer a cambio de más detalles. Entre esas cosas, Hayes pensaba pedir ostras para comer, sabiendo que era alérgico y que podría, por fin, morir si las ingería en su celda. Pero la mentira era poco creíble: tal y como dijo el juez John C. Blue, encargado de supervisar la falsa confesión, "esa supuesta masacre le hubiera convertido en el mayor asesino en serie de los tiempos recientes de Estados Unidos".
Entre las dudas y que Hayes no es una persona que controle mucho las consecuencias de sus planes, al final terminó por confesar que la otra confesión no era verdad: que quería limpiar su conciencia y que no podía morir de esa forma. Así que ahora vive todavía con la obsesión de matarse de alguna forma u otra, encerrado en su celda y con una vida llena de errores y crímenes a sus espaldas. Como ha dicho él mismo, "creo que he sobrevivido porque tengo que vivir con los pensamientos de lo que le hice a esa familia".
Fuente: Gawker
