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    La recuperación de un niño quemado en Irak

    Youssif, en Los Ángeles, en 2011Muy poco en Youssif recuerda hoy al niño iraquí que fue hace cuatro años. Entonces era un chaval apagado, enfadado, que se negaba a hablar de su incidente.

    El 15 de enero de 2007, las calles estaban llenas de soldados estadounidenses, de balas y de llamas de fuego. Las tropas del entonces presidente Bush habían acudido a Bagdad para poner fin a la violencia que estaba asolando la capital iraquí. Youssif estaba jugando fuera, o así lo recuerda su madre. Su hijo oyó ruidos y se asomó. Lo vio envuelto en llamas. Y tras unos días sin hablar con él, el chico contó que le habían quemado "unos hombres enmascarados" cuyo bando no supo reconocer.

    Para entonces no se parecía en nada al niño que ella había traído al mundo. "Su cabeza estaba hinchada, no se le veían los ojos y su nariz había desaparecido", recuerda. "La piel se había derretido". Pasó dos meses en un hospital de la ciudad, donde recibió unos primitivos cuidados básicos. No era suficiente para que el niño saliera adelante. Su padre Wissam pidió ayuda al gobierno, a los médicos, a cualquiera. Nadie le hizo caso. No se podía hacer nada por su hijo. Seguramente moriría de alguna infección en cuestión de meses.

    Pero hoy, Youssif, no tiene nada que ver con ese niño. Su historia acabó en los medios de comunicación occidentales -su padre los llamó para contarles el caso- y de repente empezó a lloverles dinero, donado desde todas partes del mundo a la Fundación de Niños Quemados de Los Ángeles. Hoy, ya lo pueden ver en el vídeo, Youssif vuelve a ser un niño. Vuelve a tener una cara, unos ojos, una nariz. Ha tenido que abandonar su país natal y pasar cuatro años de un quirófano a otro con el dinero recibido, pero por fin la piel de su cara le permite sonreír.

    Youssif en 2007Claro que, si le aplicamos el criterio de un nativo occidental, tendría pocos motivos para ello. Después de todo, ahora que su familia ha tenido que mudarse a Estados Unidos, viven la 'pesadilla' de una primera generación de inmigrantes. Sobreviven con los nueve dólares a la hora que gana Wissam (un poco por encima del salario mínimo de California); hacen la compran con cupones y consiguen su ropa de la beneficencia. Viven en un apartamento de un único dormitorio. Youssif y su hermana duermen en el suelo.

    Le gusta jugar en la playa. En Irak no podía ver el océano. De hecho, la primera vez que lo vio, cuando llegó a Los Ángeles en septiembre de 2007, le entraba la risa cada vez que rompía una ola. Los médicos le recomiendan que vaya porque le viene bien el agua salada. Pero una vez pasada la euforia de ver el mar, recuerda que lleva viéndolo más de media vida. La media que lleva viviendo fuera de su país. Y recuerda que quiere volver. "Porque es donde nací. Y echo de menos a todos los que vivían allí".

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