Se trata del
acontecimiento más grande que haya sacudido esta campaña electoral. A priori,
escuchar a un hombre que pretende ser presidente de la primera potencia mundial
despreciar tan abiertamente al 47% de la población suena a que debería ser
tremendamente condicionante. Más aún que la oleada anti-estadounidense que está
sacudiendo al mundo árabe… ¿O tal vez no? Esta mañana, la prensa estadounidense
defendía teorías de toda índole sobre cómo se va a recordar este incidente: si
será la llave que cierre definitivamente las puertas de la Casa Blanca para
Romney, si será olvidado y todo seguirá como hasta ahora, o si favorecerá al
candidato republicano.
“Hoy Romney ha
perdido las elecciones”, anunciaba en la web especializada en economía
Bloomberg el periodista Josh Barro. Al poco, otro analista conservador tildaba
las declaraciones del candidato de “arrogantes y estúpidas”. Al fin y al cabo,
los estadounidenses que no pagan impuestos son los veteranos de guerra, los
discapacitados (a estos dos grupos Romney los eximió del insulto) y aquellos
que sencillamente no ganan suficiente dinero como para tener que declararlo. Es
decir, los que de forma injusta podríamos llamar “los pobres” como antítesis de
“los ricos”; una masa que ya estaba dispuesta a odiar a Romney por sus posturas
elitistas de favorecer a los más adinerados (creadores de empleo, como los
llama).
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En la revista online de izquierdas Salon.com, el columnista Steve Kornacki alerta del riesgo de dar por hecho de que el vídeo ha resultado fatal para Romney e ignorar el durísimo mes y medio de elecciones que todavía tenemos por delante. “Algo parecido le pasaba a [el demócrata] Kerry en 2004 cuando se enfrentó a un George W. Bush muy de capa caída en las encuestas pero todavía a la cabeza. Entonces se percibió que sus carencias como candidato estaban reventando unas elecciones perfectamente ganables. Se ganó el odio de su partido y en verano nunca lideró las encuestas. Pero luego remontó en octubre. Perdió de igual manera, pero por mucho menos de lo que se esperaba”, avisa.
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Y luego están aquellos que sostienen que el vídeo ha hecho por Romney lo
que él mismo no se ha atrevido a hacer hasta ahora: retratarlo. Pero de una
forma positiva. Ese 47% de estadounidenses que supuestamente no paga impuestos
es una obsesión conservadora desde hace al menos diez años, cuando el Wall Street
Journal publicó un reportaje al respecto, y algún miembro del 53% restante de
la población se alegrará de no tener que pagar por ellos. De hecho, en octubre
del año pasado se organizó una plataforma llamada “Somos el 53%” para
contrarrestar las presiones del movimiento Occupy Wall Street (cuyo lema,
“Somos el 99%” se refería a la proporción de estadounidenses que no son ricos).
“El 47% de la población está satisfecha con ser unos aprovechados deseados”, le
dijo ayer el popular presentador de radio ultraconservador Rush Limbaugh a sus
15 millones de oyentes. “Me encantaría que ese fuera el mensaje para todo aquel
que aún no se hubiera decidido”, añadió en el canal FOX News el periodista
Brian Kilmeade.
Y ahí está la
clave: que el vídeo solo ha confirmado los peores miedos y las mayores
esperanzas que rodean a Romney. Quienes lo odian, lo odiarán más. Quienes lo
amen, lo amarán más. Pero es difícil imaginar que a estas alturas aún quede
algún indeciso que esté siguiendo activamente la carrera electoral. Como le
decía el estratega demócrata Daniel F. McElhatton a la web de noticias locales
de Philadelphia Philly.com: “Todo el mundo se ha decidido ya. Lo único que va a
decidir las elecciones será la participación”.
Fuente: Philly.com
/ Salon.com
/ The
Age

