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    Elegir quién vive y muere: el día a día de un hospital sirio

    Un hombre lleva a un niño herido a un hospital de campaña a las afueras de Alepo, Siria …El camión aparca junto al hospital infantil Dar alShifa. Por fin Ahmad ha llegado al hospital. Este niño pequeño ha sido alcanzado, junto con otros miembros de su familia, por la metralla de alguno de los bandos que luchan a muerte en Alepo (Siria) estos días. La oreja derecha le cuelga precariamente de un hilo de piel; ha sido alcanzado por la espalda. Como en todo hospital, los médicos de Dar alShifa luchan por limpiarle la herida, pero enseguida se corta la electricidad. La sala se queda a oscuras. De repente, todo lo que queda es el haz de luz proveniente de la linterna que el médico lleva en la cabeza, como un minero. Eso y los gritos de dolor de Ahmad: la anestesia que le han suministrado no es suficiente para ahorrarle el sufrimiento. No hay alternativa. No pueden permitirse darle más.

    Esta es una estampa de tantas, el día a día de este hospital, que no es el único que sufre con particular dureza las consecuencias de la lucha en Siria. Dar alShifa está en territorio rebelde y, por tanto, prácticamente en cuarentena: el gobierno de Al Asad no permite que lleguen medicamentos y herramientas que puedan curar a los ciudadanos que, estima él, son sus enemigos. Los enfermos que tienen suerte tienen que ir a los hospitales gubernamentales, infinitamente mejor suministrados.

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    Un hombre salva a un niño en el noroeste de Siria (AP/SSN)Un médico, que no quiere revelar su nombre por miedo a las represalias, asume cada día el riesgo de morir por ir a trabajar a Dar alShifa. Ejerce en un hospital gubernamental por las mañanas y las tardes, pero el resto del tiempo lo pasa aquí, haciendo lo que puede por aquellos que no tienen alternativa. La vida en el hospital gubernamental es más fácil pero no por ello más cómoda. Es frente a los soldados del régimen, esos cincuenta heridos que llegan al día, donde tiene que tomar las decisiones más complicadas. Los más graves reciben una inyección letal en lugar de tratamiento. Una decisión tomada a partes iguales por la compasión y por simpatía a los rebeldes a los que luego tratará en su tiempo libre.

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    Otro niño llega a Dar alShifa. Pasa esa recepción que, cuando se limpia, reúne ríos de sangre que caen por los desagües. Se llama Mohamed, tiene ocho años y tiene metralla en la pierna derecha. Si estuviera en Europa, en pocos meses estaría jugando al fútbol. Los médicos lo miran, sin saber muy qué hacer por él con lo poco que tienen. Tras reflexionar un poco, deciden que es mejor llevarlo al hospital gubernamental y rezar porque puedan hacer algo por él. Usando unas sábanas como una camilla improvisada, lo sacan de vuelta a la calle y lo meten en un taxi. Como a todos los niños que son heridos en zona rebelde, a Mohamed solo lo puede curar quien le ha herido.

    Fuente: CNN

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