Si los romanos hubieran tenido Internet y redes sociales, es posible que la clásica pregunta de "¿Quién vigila a los vigilantes?" nunca hubiera existido. Estados Unidos es, estos días, prueba de ello: todo gracias a un vídeo, filmado con lo que parece ser un móvil, de un altercado entre dos agentes de policía de Florida y un ciudadano que se ha propagado por las redes sociales y los medios online y ha abierto el debate sobre la excesiva fuerza policial.
Un momento del polémico encuentroEl vídeo empieza con la discusión a medio empezar: dos agentes de policía acusan al hombre, Zikomo Peurifoy, de haber caminado por el arcén de una autopista antes de pedirle su identificación. Peurifoy se niega y le pregunta al agente qué estatuto le obliga a enseñarle sus documentos.
"Dame tu identificación o vas a la cárcel", le responde el agente.
Zikomo sigue en sus trece, así que los dos agentes le agarran. El ciudadano se indigna: dice que no ha cometido ningún crimen (caminar por el arcen de la autopista, si es que lo hizo, no se considera un crimen, sino una falta) y que por tanto, que los policías le estén intimidando físicamente constituye una agresión. Su amiga Noelle Price, a la que no se ve porque es ella quién está grabando el vídeo, exige que llamen a un supervisor. Es ignorada.
Entonces los policías hacen el gesto que más ha cuestionado quien ha visto el vídeo: deciden usar su taser (un arma que emite descargas eléctricas lo suficientemente potentes como para provocar la parálisis temporal sobre la víctima) contra Zikomo. Esto ocurre al menos tres veces, mientras Peurifoy repite, entre gritos de dolor, que le están agrediendo. Al final, cae rendido sobre el suelo y es esposado. "Acaban de cometer un crimen. Me han agredido con un taser", explica Peurifoy.
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El vídeo no tardó en llegar a Internet y encender el debate sobre el abuso de la autoridad. Y, en teoría, tenía todos los visos de convertirse en un triunfo de la opinión pública: el apoyo a Zikomo, convertido en una víctima cuyos razonamientos e invocaciones a la legalidad no fueron escuchados, fue tal que solo cabría esperar que los policías se disculparan.
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Lo que ocurrió fue más bien todo lo contrario: el superior de estos agentes, el capitán David del Rosso, afirmó hace unos días que su conducta fue tan correcta que piensa usar el vídeo como ejemplo sobre cómo tratar a un sujeto que desobedezca sus órdenes. "Los agentes fueron educados todo el rato y dieron órdenes verbales claras", afirma. "Se escucha claramente al agente explicar por qué le han parado y por qué le piden la identificación".
Así las cosas, Peurifoy fue detenido e imputado por resistirse con violencia a su detención e inflingir lesiones a los policías. A su amiga Nicole (que, según se ve en el vídeo, responde a la pregunta de cómo se llama diciendo "Me puedes llamar legalmente señora Price") se le acusa de resistirse a la autoridad sin violencia por no haber revelado su nombre completo.
La sombra del racismo
Por si el debate no fuera poco (¿está Del Rosso protegiendo a sus agentes? ¿Hubo realmente abuso de autoridad?), se ha sumado el factor del racismo, algo inevitable en todos los encontronazos entre un hombre negro como Zikomo con un agente blanco. Sobre todo porque el incidente tuvo lugar en Florida lo cual es altamente relevante: primero porque está el no siempre acertado tópico de que la xenofobia gana potencia cuanto más al sur se está, y este estado es más sureño de todos.
Y segundo, porque Florida ha sido el escenario de la polémica racial más fuerte que haya visto Estados Unidos este año: la muerte en abril de Trayvon Williams, un adolescente negro que salía de comprarse un refresco y unas golosinas en una tienda y que fue disparado por un vigilante no titulado porque le pareció que llevaba un arma. Se descubrió luego que no era verdad, y las sensibilidades con este tema están a flor de piel.
Este caso presenta similitudes y conecta con el tópico de que cuando un policía blanco quiere abusar de un negro, asegura que iba armado: después de detener a Zikomo, los policías se justificaron alegando que habían encontrado una pistola en su posesión. Poco después, se descubrió que tenía licencia para llevar ese arma encima.
