Los barracones donde la Iglesia de la Cienciología alberga uno de sus campos de traba …Shane tiene ahora 21 años, pero ha tenido que pasar los últimos 14 meses descubriendo el mundo. Es decir: qué es la televisión, qué es Internet, cuántos libros existen. Hasta hace 14 meses no tenía acceso a ellos. Estaba trabajando en un lugar que solo ahora se atreve a denunciar. Un escalofriante campo de trabajo de la Iglesia de la Cienciología en su Australia natal. Unos barracones aterradores que parecen unos más del suburbio de Dundas (Sydney) donde chicos como él son separados de sus padres para trabajar todo el día sin paga y viven en condiciones escuálidas.
Shane Kelsey, hijo de un matrimonio de cienciólogos, recuerda que a los ocho años le obligaron a firmar un contrato con la Iglesia efectivo durante los próximos millones de años. Para entonces llevaba ya dos trabajando allí. Ese papel quería decir que tenía que vivir en un garaje con otros tantos chavales. En unas condiciones de vida realmente malas: "No podía leer más libros que los que la Iglesia nos dejaba; nada de periódicos ni radio ni películas, ni nada".
En cuanto a su labor, Shane afirma haber trabajado 35 horas a la semana a los ocho años en un ambiente claramente militar. "Solíamos desfilar como si fuéramos a una batalla, hacer simulacros y esas cosas. Porque era una forma de disciplina". Eso no cambió cuando, a los 14 años, fue enviado a trabajar en la cocina. Cada mañana se hacía una asamblea militar y se saludaba a la causa de salvar a la humanidad de los peligros intergalácticos (en los que cree la Cienciología). Debía vestir un uniforme negro y cocinar arroz y alubias todo el día, para dar de comer a los adultos. Ellos podían quedarse con las sobras. "A veces no quedaba mucho, así que te hacías con un poco de comida y casi nunca era suficiente", explica.
La primera víctima de este sistema fueron sus estudios. Se le daban deberes de vez en cuando, pero siempre y cuando no interfirieran en sus 14 horas de jornada. Su obligación era tratarlo como descanso y, por tanto, hacerlo cuando menos molestara al funcionamiento del campo. Entre las 100 horas de trabajo semanales que, a esas alturas, estaba desempeñando.
Si a alguno de estos chavales se les ocurría cuestionar la lógica del sistema, añade Shane, se les castigaba haciéndoles vivir bajo una pista de squash —entre los cimientos; entre el barro, la suciedad y la oscuridad— porque "si eres una mala persona, tienes que ser segregado del resto".
Shane Kesley cuenta su historiaSi bien la madre de Shane siguió firme en sus creencias religiosas, su padre, Adrian, se fugó del lugar en 2006. En 2010, volvió para rescatar a su hijo. Se llevó a un grupo de reporteros y a un policía. El segundo no hizo falta: el chaval salió, acompañado de dos supervisores de la Iglesia y luego volvió a los barracones para evitar problemas. Una noche de la semana siguiente, Shane se fugó.
Ahora, 14 meses después, está preparado para contar su historia. Lo corrobora Peta O'Brien, que permaneció en esa base entre 1997 y 2000. "Trabajas dos horas; vuelves a estudiar unas dos horas y media, y luego vuelves a trabajar. Trabajos duros, golpeando piedras con un martillo hasta que erosionen", explica esta mujer que hoy tiene una exitosa firma de arquitectura.
Se cuentan historias de sitios similares por todo el mundo. Niños que explican cómo la Iglesia ordenó que se les rompieran los dedos, se les gritara o se les azotara durante 20 horas seguidas mientras se les rociaba agua fría en la cabeza.
¿Y por qué no se cierran lugares así? "Porque no hay una ley en New South Wales que haga ilegal el trabajo de niños en esas condiciones", se indigna Grainne O'Donovan, una abogada australiana experta en defender a los supervivientes de la Cienciología. Su mejor aliado por ahora es, muy tristemente, Anonymous, el grupo de activistas cibernéticos. "Por lo visto, en algún momento los cienciólogos se convencieron de que el grupo es más importante que el individuo".
La Iglesia de la Cienciología ha respondido a Shane con un documento (en inglés) en el que se niega el abuso a sus miembros. Dicen en él que todo el mundo que se apunta a ese programa lo hace de forma voluntaria y que se pueden ir en cuanto quieran. "Cuando Shane abandonó la Iglesia a finales de 2010, todo lo que hizo fue coger su maleta y salir por la puerta", aclaran.
En todo caso, no niegan que las condiciones sean las descritas por el chaval. Y que su madre siga ahí, trabajando en el suburbio. "Tendrá que escapar", se aventura Shane. "Jamás la dejarán irse. Eso no es una opción, así que tendrá que escapar".
Fuente: Yahoo Australia

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