La niña había salido de su casa en el este de Delhi (India) para jugar fuera el lunes pasado. No se la volvió a ver hasta el miércoles por la noche. Unos vecinos oyeron unos sollozos ahogados en una habitación del mismo edificio donde vivía ella.
Ahí la encontraron, llorando, sangrando, aturdida. Vejada. Si ya de por sí esa imagen era bastante perturbadora, más lo fue con la que se topó el médico al que la llevaron para un reconocimiento. Descubrieron que a la pequeña de cinco años se le había introducido una botella y una vela de cera por los genitales.
"Es la primera vez que veo semejante barbaridad", reconocía a las pocas horas el superintendente clínico R.K. Bansai, del hospital de Swami Dayanand. "Tenía heridas en los labios, las mejillas, los brazos y el ano. En el cuello le encontramos unos moratones que nos indican que hubo intentos de estrangularla".
Casi una semana después, éste es el horrible suceso que ha reactivado el debate nacional sobre las violaciones, el mayor
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