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    ¿Tienen motivo para quejarse los mineros?

    La marcha minera que estas últimas semanas ha recorrido parte de la geografía española para finalizar su viaje en Madrid se ha convertido en un icono de la protesta social ante los constantes recortes del Gobierno. De hecho el día elegido por los mineros para reivindicarse en Madrid ha coincidido con el día del mayor recorte económico promovido nunca por un Gobierno en España. 65.000 millones de tijeretazo que deja temblando a parados —menos prestación-, a funcionarios —pierden una paga extra- a trabajadores —sube el IVA-, etc…

    Precisamente ese agujero negro en el que se encuentra la economía española ha unido a muchos sectores de la sociedad. Ayer todo el mundo era minero. No por la profesión en sí, sino por la lucha. Ayer no había hueco para debates ecologistas, ni espacio para rebatir subvenciones. Ayer el era el día de protestar en Madrid. Primero ante el Ministerio de Industria, y luego ante el Congreso, aunque Mariano Rajoy decidiera dar la 'espantá' saliendo por la puerta de atrás.

    Pero el tema de los mineros no siempre ha sido bien visto. Tratemos de explicarlo. Las protestas de estos días se deben al recorte del 64% que el Gobierno va a asestar a las subvenciones a los trabajadores de la minería del carbón.

    Unos recortes que ningún otro Gobierno anterior se ha atrevido a llevar a cabo. Los mineros y los trabajadores de astilleros son cliente difícil en estos casos y nadie quiere estar a disgusto con ellos. Así que los recortes se han retrasado durante años pese a que muchos estudios señalan desde hace años que "el negocio del carbón en España es ruinoso desde hace décadas".

    Aunque durante los últimos años se han ido cerrando las minas menos productivas, las que quedan en activo siguen teniendo unos costes de extracción muy por encima del precio internacional del carbón (algunas incluso lo doblan).  El problema tiene difícil solución al ser geológico. Las minas españolas tienen una anchura de la veta (lugar donde se encuentra el carbón) más estrechas que en otras zonas. Eso hace que cuando se perforan las galerías se extraigan más rocas inservibles que mineral, por lo que el rendimiento es menor y los gastos mayores.

    En palabras de José Santamarta, experto en energía y director de la revista Worldwatch Institute, "el carbón español es de mala calidad, emite azufre, es muy contaminante y caro y, además, tiene poco poder calorífico".

    Las minas ya eran deficitarias en el siglo XIX, de modo que no podían competir con el carbón que entonces procedía de Reino Unido sin la asistencia estatal. Históricamente esa incapacidad para competir se agravó hasta la década de los 90. Fue entonces cuando la Unión Europea concedió las primeras subvenciones, que popularmente se llamaron "fondos mineros", y que permitieron construir infraestructuras en Asturias o León. Sin embargo, esas inversiones no dieron los frutos esperados. No dinamizaron lo suficiente la creación de empleo. En ese sentido, el Ministerio de Industria acaba de cifrar estos días en 24.000 millones de euros los fondos recibidos por el sector minero desde 1990 y se pregunta "por qué no ha habido una reconversión en el sector" después de haber atraído "más recursos que ningún otro".

    Así Bruselas dijo basta en 2010: cuatro años más de prórroga y se acabó. El Gobierno decidió poner de su parte alargándola hasta 2018, pero entonces llegó la crisis. Las razones esgrimidas por Europa se basan en que el mineral europeo apenas representa el 1,4% del abastecimiento de consumo energético de la UE, por lo que resulta deficitario invertir en él. Desde los diferentes gabinetes que han operado en el Ministerio de Industria reconocen la problemática, pero se defienden asegurando que es el único mercado de energías en territorio español, de ahí la inversión. ¿Dado que el gas o el petróleo se importa por qué no continuar con el plan del carbón?

    Ahora que la bolsa económica es menor y hay que mirar bien dónde se pone la inversión, el ministerio de Industria, Energía y Turismo ha decidido apostar por el último de sus apellidos. Hasta ahora el carbón —que da trabajo a 4.000 personas- ha venido recibiendo una dotación de 655 millones de euros. Mientras que el turismo, que genera más del 10% del PIB y ocupa a dos millones y medio de personas, tiene un presupuesto "sensiblemente inferior", de 438 millones.

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