Si uno ve la foto de familia del G-20 de un vistazo apenas reparará en la presencia de nuestro presidente del Gobierno. De hecho, uno puede pensar, ¿en realidad sale Rajoy o prefirió ahorrarse el 'sacrificio' de viajar en avión que sí realizó para ir a la Eurocopa?
Foto de familia del G-20 (Reuters)
El caso es que sí que está. Pero atrás, en la última fila. Casi entre las banderitas y lejos de David Cameron y Cristina Kirchner por si les diera por hablar de Gibraltar y la expropiación de Repsol, respectivamente. Él no eligió el sitio. En estas cosas se actúa más como en una boda y no como en una fiesta de cumpleaños. Hay que seguir un orden. El gobierno de México, organizador y anfitrión, prefirió ahorrarse problemas y cuadró la composición meticulosamente dado que varios de los asistentes están enfrentados entre sí. Y eso que la Cumbre busca reforzar los vínculos de la UE.
De hecho, Rajoy estaba lejos de sus homólogos de Argentina y Gran Bretaña, y estos, a su vez, también estaban separados entre sí. Según cuenta Silvia Ayuso, periodista de la agencia DPA, Kirchner estuvo a punto de dislocarse para evitar coincidir miradas con Cameron cuando este pasó a su vera de camino al estrado. Aunque no es menos cierto que él tampoco hizo ademán alguno de saludarle a ella.
Eso sí, Rajoy estuvo cerca de Ángela Merkel. ¿Sería una señal para decirle al Ejecutivo español que
Obama y Merkel, en primera fila. Reutersdebe seguir sus pasos?
Entonces uno se pregunta: si por un lado están tratando de remendar una economía global que se resquebraja a cada minuto que pasa y, por otro, algunos no se pueden ni ver por pugnas personales… ¿A qué viene tanta sonrisa para la foto?
Porque limar asperezas se puede decir que no limaron. Eso sí, Rajoy aprovechó para saludar al presidente estadounidense, Barack Obama, al inicio de la cumbre del G-20, e incluso tuvo ocasión de conversar con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Charlas en las que el jefe del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, dejó patente su descontento por el mecanismo de ayuda a la banca española, que considera "tremendamente dañino" porque vincula el riesgo bancario al riesgo soberano. Y eso que hace 10 días lo presentó como "una victoria cosechada gracias a sus presiones".
