La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. EFENo está la cosa para perder posiciones, ni socios. Aunque no sean muy de fiar. De hecho, parece que es tiempo de tragarse el orgullo. Y eso es precisamente lo que el gobierno español está haciendo estos días con Argentina. A pesar del episodio de la expropiación de Repsol YPF, la delegación española en el G-20 ha tendido la mano al Ejecutivo del país andino.
El ministro de Asuntos Exteriores ha recalcado que las relaciones entre España y Argentina son "tan profundas e históricamente tan largas" que una cuestión como la de YPF "no es más que un sobresalto en el camino".
Habría que ver si de no mediar la crisis, y de no encontrarse el Rey y los principales empresarios españoles de gira por Sudamérica a la caza de inversiones, la transigencia española hubiera sido la misma. El Ejecutivo español no solo se está mordiendo la lengua, sino que ha decidido, puestos a ceder, dar la iniciativa a Argentina. Margallo está dispuesto a olvidar algunas cosas para retomar el diálogo en el momento y el lugar "que ellos consideren oportunos". Ahí es nada.
Relacionado: [España espera un "deshielo" con Argentina]
Tanto es así que García-Margallo reconoce el derecho de Argentina a apostar por la soberanía energética y expropiar empresas del sector, pero ha criticado la expropiación a Repsol por tratarse de una decisión discriminatoria (solo se expropió el 51% de Repsol en YPF) y, sobre todo, que no se indemnice justamente a la compañía.
Así que de las medidas contundentes que anunciaron desde Moncloa… nada de nada. El Ejecutivo, reunido de urgencia desde apenas una hora después de conocerse la nacionalización, barajó la puesta en marcha de un boicot a empresas argentinas. Sin embargo, no pasó de eso. Ya 24 horas después Margallo suavizó el tono apuntando que "este Gobierno no toma decisión en reuniones de urgencia. Las medidas, todas, se anunciarán en el momento que el Gobierno considere oportuno, pero no en un momento de arrebato". En cambio, se ve que las condiciones las sigue poniendo Argentina. El equipo de Rajoy se ha tragado el sapo con tal de no ver peligrar los intereses de otras empresas españolas que operan en sectores regulados, como Endesa, Telefónica y Gas Natural Fenosa.
En lugar de acudir a la reunión con el cuchillo entre los dientes, España acudirá sonriente, esperará un "deshielo" con Argentina y cruzará los dedos para que esta no quiera expropiar nada más.
