El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. EFEAlfredo Pérez Rubalcaba ha dejado una cosa bien clara este fin de semana. En el PSOE no le respeta nadie. O eso, o ha mentido vilmente y conocía los pormenores del asunto Ponferrada. En cualquier caso, ambas opciones son nefastas para el líder socialista.
Todo comenzó el viernes por la mañana cuando la formación de la rosa arrebataba al PP la alcaldía de Ponferrada (León) con una moción de censura en la que se sirvió del voto de Ismael Álvarez —exregidor popular condenado en 2002 por acoso sexual en el caso Nevenka. Escudándose en aquello de que 'el fin justifica los medios' los socialistas perpetraron esta jugada justo en el Día de la Mujer. Si existe el puesto de jefe de operaciones en el partido hay que echarlo, y si no lo hay, crearlo.
Algo así no pasa desapercibido. Las formas socialistas quedaron retratadas en telediarios, webs y radios. Aún así, el PSOE tardó seis horas en reaccionar para, finalmente, ordenar que
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