En algún momento en la historia evolutiva de la vida en este planeta, hace aproximadamente 500 millones de años, un invertebrado marino sufrió un accidente genético que hizo que su ADN registrara copias extras de unos pocos genes responsables de la expresión de ciertas funciones cerebrales.
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Sus descendientes se beneficiaron de esta mutación, que dio lugar a vertebrados con comportamientos más sofisticados, entre los cuales finalmente figuramos nosotros. Pero como dice el viejo refrán, no hay rosa sin espinas... Aquella ventaja evolutiva tenía también su lado oscuro: incrementaba la susceptibilidad a sufrir enfermedades mentales.
Según el equipo de científicos británicos responsables de este trabajo, aquel "accidente evolutivo" terminó por conducir a las habilidades intelectuales propias de los mamíferos y del hombre, aunque como vemos el precio a pagar fue un incremento en la variedad e incidencia de los defectos mentales.
Para comprobar su
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