Recuerdo que con doce años mis mayores preocupaciones eran los tebeos, jugar al baloncesto, y como máximo éxito, obtener sobresaliente en matemáticas, que no se me daban del todo mal.
Sin embargo, ahí tenéis a Jacob Barnett, un chaval con algo más de metro y medio, doce años de edad y gorra calada estilo rap, recorriendo con naturalidad los pasillos de la Universidad de Indianápolis y dejando con la boca abierta a todo el mundo.
Por Javier Peláez.
La historia de Jacob Barnett ha saltado a todas las portadas de los periódicos durante estos últimos días y es una de esas noticias que te hacen dibujar una sonrisa de oreja a oreja, porque la vida de este niño prodigio está plagada de anécdotas realmente sorprendentes.
Con dos años apenas se comunicaba con nadie y difícilmente era capaz de articular más que algunas palabras. Sus padres empezaron a temer que el desarrollo de Jacob no fuera el adecuado y decidieron consultar con médicos y psicólogos que le diagnosticaron Síndrome de Asperger
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