Los antiguos griegos asimilaron su ideal de belleza y armonía al planeta Venus. En aquellas limpias noches alzaban la vista al cielo, encontraban la brillante luz de aquel lejano punto azul y lo identificaron con su diosa del amor y la belleza. Seguramente, aquellos pioneros de la astronomía se quedarían con la boca abierta de sorpresa si supieran que en realidad Venus es lo más parecido al infierno que podrían imaginar.
La superficie de Venus, un infierno en nuestro propio sistema solarEl lucero del alba es el segundo planeta más cercano al Sol de nuestro sistema y posee un tamaño similar a la Tierra. Sin embargo, tras esa bella luz azul que la convirtió en leyenda de belleza, se esconde en realidad una densa atmósfera de dióxido de carbono y nitrógeno que cubre todo el planeta de nubes arrojando lluvias de ácido sulfúrico y dióxido de azufre.
Además del ardiente efecto invernadero que eleva la temperatura media a más de 400ºC (superior incluso a Mercurio que está más cerca del Sol) hay que tener en cuenta que la presión atmosférica que soportaríamos
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