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    Astronomía para terrícolas

    El inesperado inquilino del cosmódromo de Baikonur

    Instalaciones de BaikonurEl Cosmódromo de Baikonur es el centro de lanzamiento espacial más grande y antiguo de todo el mundo. Por él han pasado leyendas de la carrera espacial como Yuri Gagarin, Alexei Leonov o Valentina Tereskova. Desde sus plataformas se han iniciado algunas de las misiones más legendarias de la carrera espacial, como la primera salida al espacio de un ser humano, la salida al espacio de la célebre perrita Laika, el lanzamiento del Sputnik -el primer satélite en órbita-,…

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    Baikonur tiene a sus espaldas más de cincuenta años de historia viva de la conquista espacial y como os podéis imaginar durante todo este tiempo, además de regalarnos algunos de los momentos más decisivos de la aeronáutica, también ofrece incontables anécdotas.

    La última de ellas la protagoniza un inesperado inquilino descubierto por casualidad bajo una de las rampas de lanzamiento del cosmódromo ruso. Al parecer uno de los periodistas acreditados en el cosmódromo dejó durante algunos minutos su cámara en el suelo frente a una de las grandes plataformas. La cámara se quedó encendida sin que él lo supiera, y al recogerla y mirar lo que había grabado se encontró con este simpático invitado.

    Este roedor es la nueva curiosidad de Baikonur, un cosmódromo que desde su apertura a mediados de los años 50 del siglo pasado cuenta con un sinfín de historias sorprendentes.

    En un principio las instalaciones no estaban pensadas para albergar nada espacial, sino que se construyeron como una lanzadera de misiles de largo alcance y durante un tiempo fue el lugar más secreto del mundo. Tan secreto que incluso su nombre, Baikonur, fue elegido para despistar al enemigo norteamericano en plena guerra fría, puesto que en realidad se encuentra a unos 300 kilómetros del verdadero pueblo de Baikonur.

    En todas estas maniobras de confusión, y para dar más realismo a esta estrategia de despiste,  incluso llegaron a construir en aquel alejado pueblo una falsa plataforma con un cohete gigante. Eso sí, ambos eran de madera.

    Plataforma de lanzamiento en BaikonurBaikonur se construyó en las extensas taigas de Kazajistán, un país que obtuvo su independencia en el año 1991. Desde entonces, muchos pensaron que se cerraría, pero finalmente Rusia continuó utilizándolo pagando un alquiler a Kazajistán hasta el año 2050.

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    Otra de las curiosas anécdotas de Baikonur nos llega de la mano del gran Yuri Gagarin que, en el momento más inoportuno y antes de subir al cohete Vostok-1 que le llevaría al espacio, tuvo que detener el autobús que le conducía a la plataforma de lanzamiento porque se estaba orinando. Tras la difícil tarea de retirar toda la parafernalia del traje espacial, el cosmonauta por fin pudo aliviarse contra una de las ruedas del autobús… Desde entonces, y conmemorando aquella inesperada urgencia, todos los astronautas que despegan desde Baikonur, paran en el mismo lugar en que lo hizo Gagarin para darle un descanso a sus vejigas antes del largo viaje al espacio.

    La parada tradicional en el rincón de Gagarin es una de las muchas tradiciones que Baikonur recoge y que en muchos casos representan más una superstición que una utilidad real. Otro de estos ejemplos lo encontramos también en la parafernalia que los sacerdotes ortodoxos montan cada vez que hay un lanzamiento. Entre rezos, agua bendita y oraciones, la tradición manda que todos y cada uno de los cohetes que se lanzan desde el cosmódromo deba ser bendecido antes de iniciar el vuelo.

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