'El sueño de la razón produce monstruos', de la serie 'Los Caprichos' | Crédito: Wiki …En los últimos años del siglo XVIII, la obra de Francisco de Goya adquiere un tono siniestro, misterioso, plagado de seres de pesadilla y escenas nocturnas y aterradoras.
La primera muestra de este tipo de obras llega con 'Los caprichos', una serie de ochenta grabados en la que el artista maño plasmó una feroz crítica a la sociedad española de la época, y cuya segunda mitad está repleta de esos seres grotescos y monstruosos.
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También en aquellos años Goya recibió el encargo, por parte de los duques de Osuna, para pintar varios lienzos de temática misteriosa y brujeril que debían decorar las paredes de la finca —la Quinta del Capricho— que los duques poseían en la Alameda, a las afueras de Madrid.
Tanto estas obras —entre las que destacan pinturas como 'El aquelarre' (1797-98) o 'El embrujado'— como las que dan forman a la segunda mitad de 'Los caprichos', suponen un anticipo de unos temas macabros e inquietantes en los que profundizará años después con sus célebres 'Pinturas negras'.
'El embrujado' | Crédito: Wikipedia.Sin embargo, ya algunos años antes de adentrarse en estos "sueños de la razón que producen monstruos", Goya había tenido ocasión de retratar un lienzo en el que se dejaban entrever —aunque sea tímidamente— algunas de estas características que poblarán su obra más adelante.
La pintura en cuestión, hoy custodiada en la catedral de Valencia, fue también parte de un encargo de la Duquesa de Osuna, quien, en 1787, solicitó al pintor la creación de dos lienzos con escenas de la vida de San Francisco de Borja que debían decorar una capilla del templo valenciano.
Con el título de 'San Francisco de Borja y el moribundo impenitente', la pintura muestra al santo ante el lecho de un hombre al borde de la muerte, al que parecen estar acosando unas figuras demoniacas y monstruosas rodeadas por una luz infernal.
San Francisco sostiene un crucifijo en sus manos, y de este brota un espantoso chorro de sangre que salpica el rostro del hombre a punto de fallecer, lo que provoca el horror del santo valenciano.
'San Francisco de Borja y el moribundo impenitente' | Crédito: Wikipedia.Durante mucho tiempo algunos autores quisieron ver en este lienzo la representación de una escena de exorcismo, con el santo intentando librar al moribundo de los demonios que lo poseían. Eso explicaba, en su opinión, el chorro de sangre que surge del crucifijo: una artimaña del Maligno para atemorizar a San Francisco.
Hoy, sin embargo, los historiadores del arte coinciden en señalar que la escena representa un episodio incluido en la vida del santo que escribió el cardenal Álvaro Cienfuego en el siglo XVIII.
En dicho texto se menciona el detalle de la sangre brotando del crucifijo, una evidencia de que aquel hombre a punto de morir, que había dedicado toda su vida al pecado, estaba irremediablemente condenado a los horrores del infierno.
De ahí que, apenas unos momentos antes de su muerte, los demonios estén atormentando ya su alma —como anticipo de lo que le espera por toda la eternidad—, ansiosos por apoderarse de ella.
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Aunque este pasaje demuestra que el lienzo no representa una escena de exorcismo, la pintura supone un magnífico avance del carácter desasosegante que adquirirá parte de su obra con el tiempo, anticipándose al gusto por lo macabro y lo irracional de los pintores románticos.
