Busto de Carlos V realizado por Leoni | Crédito: Wikipedia.En otras ocasiones ya hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo ciertos artistas —algunos de ellos de primer orden— mostraron unas inquietantes inclinaciones por la vida criminal.
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Algunos, como Agostino Tassi, "destacaron" como violadores y ladrones; otros, como Salvator Rosa, vivieron algún tiempo entre bandidos. Tampoco faltan en esta singular lista de "artistas criminales" quienes, como el mismísimo Caravaggio, causaron la muerte de alguien o, como en el caso de nuestro protagonista, lo intentaron por todos sus medios.
Durante su larga vida (1509-1590), el escultor, grabador y medallista Leone Leoni amasó una importante fortuna y se codeó con algunos de los hombres más importantes de su tiempo, como el emperador Carlos V o el hijo de este, el rey Felipe II.
A pesar de esta vida para muchos envidiable, Leoni no pudo evitar verse inmiscuido en una serie de episodios delictivos bastante graves.
El primero de ellos tuvo lugar en 1540, mientras trabajaba como grabador en la Casa de Moneda del Vaticano. En ese año el joyero papal, Pellegrino di Leuti, le acusó de haber falsificado dinero aprovechando su privilegiada posición.
Leoni negó las acusaciones —aunque seguramente era culpable— y juró vengarse del joyero pontificio. Una amenaza que cumplió el 1 de marzo de ese mismo año cuando, armado con un gran cuchillo, le causó a Pellegrino un corte tan terrible en la cara "que parecía un monstruo horrible de mirar".
Leoni fue detenido y llevado ante las autoridades, a quienes confesó su intento de homicidio. Aunque en un principio fue condenado a sufrir la amputación de la mano derecha, finalmente la intercesión de sus poderosos amigos consiguió que se le conmutara la pena por un año de trabajos forzados en las galeras papales.
Antes de que se cumplieran los doce meses, y gracias a la ayuda de su amigo y mecenas Andrea Doria —célebre almirante genovés al servicio de Carlos V—, Leoni estaba libre de nuevo. Y no pasaría mucho tiempo antes de volver a delinquir…
Medalla con retrato de su amigo Andrea Doria, hecha por Leoni | Crédito: Wikipedia.
En 1543 perdió su empleo como trabajador de la Casa de la Moneda de Ferrara, de nuevo acusado de falsificar dinero. Sorprendentemente y, a pesar de que en este caso había pruebas de su delito, no tuvo problema para encontrar empleo de nuevo como Maestro General de la Casa de Moneda de Parma y Piacenza poco después.
Apenas tres años más tarde, en 1546, llegó su segundo intento de homicidio. En este caso, la víctima no era otra que su propio ayudante, el también escultor y medallista Martino Pasqualigo.
El joven Pasqualigo había acompañado a su maestro hasta Venecia, donde ambos trabajaron durante algún tiempo, pero cuando Leone Leoni recibió la invitación para ir a trabajar a Milán y el muchacho se negó a ir con él, el irascible escultor volvió a tramar un crimen.
En esta ocasión intentó ser más cuidadoso, así que en lugar de atacar él mismo a su víctima, contrató a un asesino para llevar a cabo el "trabajo". Por suerte para Pasqualigo, el sicario no consiguió —por poco— su objetivo de matarle a cuchilladas.
Retrato de Martino Pasqualigo atribuido a Tiziano | Crédito: Corcoran Gallery of Art.Aunque la terrible agresión trascendió a las autoridades, Leoni se escapó sin sufrir castigo. Es más, a nadie pareció importarle tales hechos. Ni al literato Pietro Aretino —amigo de Leoni que en principio le afeó su conducta pero que pronto le disculpó—, ni al mismísimo emperador Carlos V, quien le invitó a su corte de Bruselas.
Allí fue agasajado con un apartamento privado situado bajo el del propio monarca, quien pasaba muchas horas contemplando como trabajaba Leoni, uno de sus artistas favoritos, autor de varios de sus retratos en estatua.
No importaba cuáles fueran sus actos: Leoni parecía inmune a las leyes a pesar de sus continuos desmanes criminales.
Uno de los más sonados tuvo lugar en 1559, cuando de nuevo intentó matar a un joven. En este caso se trataba, ni más ni menos, que de Orazio Vecellio, hijo del célebre pintor Tiziano.
Hasta esa fecha Leoni y Tiziano habían tenido una relación de amistad —de hecho Leoni le debía varios favores—, así que cuando Orazio acudió a Milán para cobrar unos trabajos de su padre, el escultor le ofreció alojarse en su palacio.
Durante algún tiempo el trato fue más que cordial, pero cuando Orazio cobró al fin los 2.000 ducados que la corte española debía a su padre por sus trabajos, Leoni comenzó a mirar al joven con ojos llenos de avaricia.
Autorretrato de Tiziano. Leoni estuvo a punto de matar a su hijo | Crédito: Wikipedia …Decidido a arrebatarle al joven aquella pequeña fortuna, no tardó en idear su asesinato. Para ello contó de nuevo con ayuda, esta vez de sus criados —aunque él también participó activamente—, y con ellos intentó matarle a puñaladas para hacerse con el botín.
Aunque malherido, Orazio logró salvar la vida gracias a la ayuda de su criado, y no tardó en poner a su padre al corriente de lo sucedido. Tiziano no dudó en escribir una carta dirigida al mismísimo Felipe II informándole de los hechos:
"…ese malvado Leoni, indigno de ostentar el título de 'Cavaliere' y escultor imperial… fue movido por un impulso diabólico. Se le metió en la cabeza la idea de asesinar a Orazio, de quitarle la vida para hacerse con el dinero".
Por desgracia para el pintor veneciano, el monarca español —quien también había sido retratado por Leoni— parecía tener las mismas simpatías que su padre hacia el peligroso escultor.
El intento de robo y asesinato solo le supuso el pago de una multa y el destierro de Milán. Pero a pesar de lo que cabría esperar, su terrible delito no fue motivo para caer en desgracia. De Milán se trasladó a Roma, y apenas pisó la ciudad de las siete colinas el papa Pío IV ya le había hecho un importante encargo.
Leoni nunca llegó a pagar adecuadamente por sus graves crímenes, más bien al contrario. Tras tres intentos de asesinato, robos probados y varias falsificaciones de moneda, el escultor murió después de una larga vida habiendo disfrutado de riquezas, del reconocimiento como artista imperial y del prestigio de ser caballero de la Orden de Santiago.
Con aquellas tendencias criminales, no es de extrañar que su hijo Pompeo —quien también trabajó para Felipe II— y su nieto Miguel Ángel Leoni fueran acusados ambos por intento de asesinato, mientras vivían en España en 1597. De tal palo, tal astilla.
