Retrato de Francisco I de Medici | Crédito: Wikimedia Commons.Al igual que otros muchos hombres poderosos de su tiempo, Francisco I de Medici, Gran Duque de Toscana, se sintió cautivado durante su vida por ciertas doctrinas esotéricas. Una curiosa fascinación que quedó reflejada en algunas obras de arte.
Desde su juventud, el hijo de Cosme I de Medici se mostró poco atraído por las intrigas políticas, y a cambio prefería dedicar la mayor parte de su tiempo a tareas intelectuales, entre las que destacaban el estudio de las artes y de la alquimia.
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Fue este interés por la práctica de la Gran Obra lo que le llevó, en 1569, a encargar la realización de un 'studiolo' en el lujoso Palazzo Vecchio de Florencia. Dicho 'studiolo' era en parte un Gabinete de Maravillas —una sala en la que algunos nobles y monarcas reunían obras de arte, rarezas y otras piezas singulares—, pero al mismo tiempo fue también un laboratorio para las prácticas alquímicas del Gran Duque, además de servir como oficina e improvisado refugio.
La creación del 'studiolo' y su decoración se encomendó al pintor Giorsio Vasari (célebre por sus famosas biografías de artistas), quien contó con la ayuda del también artista Vicenzo Borghini. Ambos encargaron a su vez una serie de pinturas a distintos artistas, que servirían para decorar algunos de los muebles de la estancia.
Vista actual del studiolo del Gran Duque de Toscana | Crédito: Wikimedia Commons.La decoración del 'studiolo' se organizó principalmente en torno a los cuatro elementos —tierra, aire, fuego y agua—, aunque también se tuvieron en cuenta las cuatro estaciones y los cuatro temperamentos.
De este modo, los distintos objetos que había reunido Francisco I se custodiaron en diecinueve armarios, distribuidos en los cuatro muros de la estancia (muro tierra, muro aire, muro fuego y muro agua).
Acompañando a cada uno de estos armarios se dispuso una pintura que representaba una escena relacionada con los objetos que se custodiaban en su interior. Una de estas pinturas era, precisamente, la representación de un laboratorio de alquimia, por lo que dicho armario debía servir para guardar herramientas y sustancias empleadas en la disciplina hermética.
Esta pintura, sin embargo, cuenta con un detalle de gran interés. Realizada en 1570 por el artista flamenco Jan van der Straet, más conocido como Giovanni Stradanus (1523-1601), esta obra representa el interior de un laboratorio en el que varios alquimistas trabajan rodeados por retortas y alambiques, buscando su ansiada Piedra Filosofal.
'Laboratorio de alquimistas', de Giovanni Stradanus | Crédito: Wikimedia Commons.Lo más curioso de todo, sin embargo, se encuentra en la esquina inferior derecha. Allí vemos a un personaje con barba, que trabaja afanosamente, y que no es otro que el propio Francisco I practicando el arte de la alquimia.
Todo parece indicar que la colección de maravillas del Gran Duque creció hasta tal punto que la estancia se quedó pequeña y tuvo que ser desmantelada a finales del siglo XVI.
Por esta razón las numerosas pinturas y esculturas que allí se conservaban se dispersaron y durante varios siglos algunas de ellas estuvieron en paradero desconocido. De hecho, el propio 'studiolo' se perdió en el olvido, ignorándose su existencia durante mucho tiempo.
Por suerte, en 1910 dos funcionarios florentinos redescubrieron la estancia, localizando y reuniendo otra vez las pinturas, esculturas y objetos que una vez llenaron la singular estancia alquímica de Francisco I de Medici.

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