El singular Palacio del Canto del Pico, en Torrelodones | Crédito: Wikipedia.
Tras la Guerra Civil y con el inicio de la dictadura, Francisco Franco estableció su residencia en el Palacio de El Pardo, ubicado en la localidad madrileña del mismo nombre y donde residió hasta su fallecimiento en 1975.
[Relacionado: El plan secreto de Franco y Hitler para invadir Gibraltar]
Sin embargo, durante aquellas largas décadas de mandato, el dictador contó también, a escasos siete kilómetros, con otro "palacio" —de dimensiones mucho más reducidas— en la cercana localidad de Torrelodones.
Lo más curioso de todo es que el Caudillo había recibido esta propiedad como herencia en el año 1940, de manos de un aristócrata que había sido el promotor de la construcción del edificio, conocido como Palacio del Canto del Pico.
Dicho noble era don José María de Palacio y Abárzuza, tercer conde de Las Almenas y primer marqués del Llano de San Javier. El conde había mandado construir este palacete en el año 1920, y los trabajos se prolongaron hasta 1922, fecha en la que el maestro de obras, Prudencio Urosa —no hubo arquitecto en el proyecto—, dio por finalizados los mismos.
A partir de entonces el noble utilizó el "palacio" como residencia de fin de semana y temporadas de vacaciones, e hizo lo posible por conseguir que su nueva vivienda fuese declarada Monumento Nacional, algo que consiguió —por extraño que parezca, dada la nula antigüedad del edificio—, en 1930.
Entre las características que la Real Academia de San Fernando destacó en su informe ante el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes (el organismo encargado entonces de otorgar la declaración de monumento), sobresale que el edificio estuviera realizado, en parte, con "elementos constructivos y decorativos importantes de artes anteriores", dando lugar a un inmueble de "singular carácter y marcado interés artístico".
Es decir: el conde dio forma a su singular palacete —extravagante sería quizá un mejor calificativo—, utilizando en su construcción piezas procedentes del expolio de otros monumentos. Así, en el palacio del Canto del Pico se emplearon, entre otras piezas, varios ventanales góticos llegados desde Cataluña, sillería de un castillo murciano, una columna procedente del célebre Patio de la Infanta de Zaragoza o, de forma especial el patio del palacio abacial del monasterio cisterciense de Simat de Valldigna, en Valencia.
El "palacio" visto desde la distancia, sobre la colina que domina la zona | Crédito: Wikipedia.
Pero además de esta desafortunada intervención, el edificio protagonizó otros episodios curiosos, algunos de cierta importancia histórica, y otros meramente anecdóticos.
Así, el palacio fue escenario de la muerte, en diciembre de 1925, de Antonio Maura, cinco veces presidente del Consejo de Ministros. Maura era vecino y amigo personal del conde, y vivía en una finca cercana, por lo que era un asiduo visitante del Palacio del Canto del Pico. El escritor y político falleció mientras bajaba por unas escaleras de la casa, como durante años recordó una placa explicativa.
Años más tarde, en plena Guerra Civil española, el edificio fue utilizado por el ejército republicano, que lo ocupó para albergar el puesto de mando del general Miaja durante el tiempo que duró la batalla de Brunete, sirviendo también como residencia temporal para Indalecio Prieto.
Finalizada la contienda, y tras la muerte del conde, la vivienda pasó a ser propiedad de Franco, pues como ya vimos recibió el "palacio" como parte de la herencia del noble, que tras perder a su hijo en la guerra decidió legarla al dictador.
El "Generalísimo" la utilizó a menudo como residencia para los fines de semana y, dada su cercanía a El Pardo, ordenó construir una carretera que unía directamente ambos edificios.
Más tarde el recinto acabaría convertido en un gigantesco "trastero", donde el Caudillo guardaba los numerosos regalos que recibía, y con el paso de los años el palacete del Canto del Pico alimentó todo tipo de leyendas, algunas de las cuales todavía perduran entre los madrileños.
Cuentan los rumores, por ejemplo, que el dictador se refugiaba entre sus muros cuando los servicios de inteligencia franquista recibían noticias de algún posible atentado contra el Caudillo. También se comentó durante años —sin prueba alguna— que el edificio había servido para ocultar a antiguos nazis perseguidos.
En cualquier caso, lo cierto es que a la muerte de Franco el "palacio" pasó a manos de sus nietos que, tras utilizarlo como vivienda durante algunos años, terminaron por venderlo en 1988. En los años siguientes la finca quedó sumida en un notable abandono, sufriendo varios saqueos e incendios, el último de ellos registrado en 1998.
[Relacionado: Cuando la dictadura franquista temía más a los lápices que a las balas]
Desde entonces y hasta la actualidad, el edificio y la finca circundante han pasado por varias manos privadas, aunque sus muros siguen esperando a recibir nuevos inquilinos.
Fuentes:
-"Canto del Pico, Casa Museo", Revista R&R nº 95.
-MERINO DE CÁCERES, J. Miguel. 'La residencia secreta de Franco'. Revista Descubrir el Arte nº 39, 2002.
