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    Arte secreto

    Bestiarios: criaturas simbólicas del arte medieval

    Escultura de león en la fachada de la catedral de Ávila | © Javier García Blanco.

    Leones amenazantes, aves majestuosas, monstruos horribles y otros seres fantásticos se asoman desde todos los puntos del templo medieval. Hoy su significado resulta apenas comprensible, pero en la época en la que estas figuras fueron realizadas los fieles asimilaban fácilmente su mensaje.

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    El visitante que se acerca a contemplar con detalle las imágenes que decoran los templos medievales suele quedar sorprendido ante el variado y vistoso despliegue de esculturas que adornan estos recintos.

    Junto a las habituales representaciones de Cristo, apóstoles, santos, etc., el visitante descubre también otras imágenes en tímpanos y capiteles, en este caso de animales, algunos reales y otros claramente fantásticos.

    Este tipo de representaciones se hicieron muy frecuentes a partir del románico y poseen un complejo simbolismo. Su origen hay que buscarlo en la Antigüedad, en obras como la 'Historia Natural' del romano Plinio el Viejo, un libro de contenido geográfico y zoológico, en el que, entre otras cosas, se "catalogaban" bestias reales y fantásticas.

    Algún tiempo después, entre los siglos II y IV d.C., apareció el 'Physiologus' (Fisiólogo), un libro similar que se convertiría en la fuente principal para los futuros 'Bestiarios'.

    Página ilustrada de un 'fisiólogo' medieval | Crédito: Wikipedia.Estos últimos empleaban descripciones fantásticas de animales reales y bestias fantásticas para ilustrar cuestiones sobre el dogma y de la moral cristianos, como si de fábulas moralizantes se tratasen.

    Su influencia se hizo notar de forma especial durante la Baja Edad Media, cuando fueron utilizados como fuente para las representaciones escultóricas y pictóricas de los templos cristianos.

    Además de los 'Bestiarios' existían otras obras similares, aunque "especializadas" en ciertos tipos de animales o plantas. Así, los 'Volucrarios' se dedicaban exclusivamente a describir el simbolismo de los pájaros, mientras los 'Florarios' hacían lo propio con las plantas y los 'Lapidarios' con las piedras preciosas y minerales.

    En una época como la medieval, en la que el analfabetismo alcanzaba a la gran mayoría de la población, las representaciones de escenas bíblicas y de otro tipo en las esculturas y pinturas de los templos suponían una excelente herramienta didáctica para el vulgo.

    Así, estas representaciones se convirtieron en "libros de piedra" que incluían —entre otras cosas— mensajes moralizantes. Para ello se dotó a los animales y a las criaturas fantásticas representadas de virtudes y vicios de forma que pudieran ser comparadas con las acciones humanas y los atributos divinos.

    De este modo, ciertos animales y monstruos pasaron a ser símbolos de virtudes como la obediencia y la compasión, o de pecados como la lujuria, la infidelidad o el orgullo.

    Entre los animales más representados estaban aquellos que simbolizaban a Cristo, como el león —aunque a veces también podía usarse como emblema del Diablo—, el pelícano —animal que según los bestiarios se abría las entrañas para salvar a sus crías— o el águila, que como criatura voladora guiaba el alma de los difuntos al Más Allá.

    Otros animales "benéficos" eran la paloma —que además de representar al espíritu santo era también símbolo del alma que desea ascender a los cielos— o la cigüeña, esta última utilizada como signo de buena suerte y de protección contra el mal, pues se alimenta de serpientes, animal generalmente asociado con el Diablo y el mal.

    También eran considerados negativos animales como el jabalí —símbolo de gula, ferocidad y pereza—, la cabra y el macho cabrío —lujuria—, el perro —emblema del pecador que vuelve a incurrir en sus faltas— o el sapo, por lo general asociado a los pecados capitales.

    Relieve de grifo en el monasterio de San Juan de la Peña | © Javier García Blanco.

    En cuanto a las bestias fantásticas, también encontramos seres positivos y otros negativos. El grifo, por ejemplo, solía ser emblema de Cristo, pues era una criatura compuesta por partes de un águila (alas y cabeza) y un león (cuerpo), dos animales que representaba al hijo de Dios.

    Por el contrario, seres como las arpías (aves con cabeza de mujer y cola de serpiente) o las sirenas eran un símbolo de la lujuria, la seducción y el abandono a los placeres carnales.

    La simbología de otras criaturas fantásticas era mucho más compleja, pudiendo ser utilizadas para representar el Bien o el Mal, dependiendo de la escena.

    El centauro, por ejemplo, representaba a Cristo si aparecía atacando a bestias monstruosas ­—era entonces Cristo combatiendo al Mal o cazando almas—, y también aludía a la doble naturaleza de Jesús, humana y divina, al igual que esta criatura es mitad hombre y mitad caballo.

    Por el contrario, el 'centauro sagitario' (así se denomina a las representaciones de esta criatura portando arco y flechas) también podía aludir al demonio y al mal si aparece atacando a un animal indefenso.

    [Relacionado: Vidrieras, el "milagro" de la luz transformada]

    En uno u otro caso, ya fueran animales benéficos o negativos, estas representaciones de animales y criaturas fantásticas, con su simbolismo extraído de 'Bestiarios' y 'Fisiólogos', pueden haber perdido hoy su sentido original, pero siguen fascinándonos del mismo modo que hicieron con el hombre del medievo.

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