'Autorretrato', de Arcimboldo | Crédito: Wikipedia.Exótica, extravagante, rara e incluso alucinógena. Son solo algunos de los adjetivos que se puede aplicar a la singular producción artística de Giuseppe Arcimboldo, un artista milanés que asombró a media Europa con sus creaciones.
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Nacido en Milán en 1527, en el seno de una familia noble, el padre de Giuseppe, Biagio Arcimboldo, fue también artista, y es posible que fuera él su maestro, pues no sabemos si se formó en el taller de otros pintores.
Sí, sabemos, por el contrario, que con apenas 21 años trabajó realizando los diseños para algunas vidrieras para el 'Duomo' de Milán y varios tapices para la catedral de Como.
El trabajo fue tan sobresaliente que llamó la atención del entonces emperador Fernando I de Habsburgo —hermano de Carlos V—, quien en el año 1562 lo reclamó para que trabajara como pintor de la corte en Viena.
Arcimboldo trabajó para el emperador durante dos años realizando retratos del monarca y su familia, pinturas por completo convencionales, aunque ya entonces comenzó a ensayar los primeros bocetos de lo que serían algunas de sus series más famosas, como 'Las cuatro estaciones'.
Cuando el emperador Fernando murió en 1564, el artista milanés siguió trabajando en la corte, primero para Maximiliano II y más tarde para su hijo, Rodolfo II, quien trasladó la corte a Praga en 1583.
Detalle del retrato de Rodolfo II | Crédito: Wikipedia.
A las órdenes del nuevo emperador, un amante del conocimiento y las artes, que dio cobijo en su corte a astrónomos, alquimistas y magos, Arcimboldo no sólo trabajó como pintor, sino que a partir de ese momento se convirtió también en "escenógrafo" oficial.
El italiano se encargó desde entonces de preparar los espectáculos de todos los actos oficiales, ya fueran fiestas, torneos u otras celebraciones. También diseñaba los trajes y disfraces para obras de teatro, fabricaba fuegos artificiales e incluso construía autómatas y aparatos hidráulicos para crear espectáculos de agua en las fuentes de palacio.
Su formación y habilidades eran tan heterogéneas, que el propio Rodolfo II llegó a calificarlo de "Leonardo da Vinci de la corte bohemia". Desde luego, la comparación con el genio florentino no era exagerada.
Además de dirigir y preparar todas estas actuaciones y espectáculos, Arcimboldo siguió trabajando en sus pinturas. Pero en estos años en la corte de Praga, su estilo no tenía ya nada que ver con las obras convencionales de los primeros años.
Ya en la década de 1560 había realizado pinturas como 'El jurista' (1566) o 'El bibliotecario' (1562), que formaban parte de una serie sobre profesiones, en las que para "construir" el rostro y los cuerpos de los retratados empleaba objetos, animales o plantas.
'El bibliotecario' (1562) | Crédito: Wikipedia.Sin duda alguna su obra causó sorpresa y admiración entre los ambientes artísticos y cortesanos de su época, pues ningún otro artista había realizado pinturas semejantes hasta la fecha.
Su personalísimo estilo se fue perfeccionando, siempre siguiendo esa línea de fusionar objetos, plantas o animales para crear rostros y figuras humanas.
Estas pinturas eran mucho más que composiciones excéntricas, pues plasmaban al mismo tiempo retratos y bodegones. De hecho, algunos de sus lienzos podían verse indistintamente boca arriba o boca abajo: en una posición eran retratos, y en la otra bodegones con frutas o animales.
Entre las series mejor realizadas y más famosas se encuentran 'Las cuatro estaciones' o 'Los cuatro elementos', que repitió varias veces para distintos compradores.
Rodolfo II fue uno de sus mayores admiradores, y sin duda buena parte del éxito de Arcimboldo se debe al singular carácter del emperador. De haber trabajado en la corte de algún otro monarca más conservador posiblemente sus pinturas "extravagantes" no habrían sido tan numerosas.
El emperador reconoció los servicios de su fiel artista de cámara y, tras treinta años sirviendo en la corte de los Habsburgo, en 1588, Arcimboldo recibió permiso para regresar a su Milán natal.
Desde allí todavía siguió pintando para el emperador y, de hecho, en 1591 realizó para él un notable retrato compuesto, cómo no, a base de frutas y hortalizas. La obra gustó tanto al monarca que, como recompensa, le nombró conde Palatino en 1592. Un título del que sólo podría disfrutar un año, pues el pintor falleció en 1593.
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La obra más convencional de Arcimboldo apenas es recordada hoy, pero sus pinturas alegóricas y sus retratos a base de frutas y otros objetos gozaron de gran éxito en su época, y siglos después influyeron en varios artistas —entre ellos los surrealistas—, lo que supone una evidencia del carácter moderno e innovador de su arte.
