Alphonse Mucha | Crédito: Wikipedia.Sus inconfundibles carteles publicitarios que tanta fama le dieron durante el 'boom' del Art Nouveau son sin duda sus obras más conocidas. Sin embargo, el artista checo Alphonse Mucha dejó tras de sí una importantísima producción artística que abarcó la pintura, la joyería o la escenografía teatral.
Lo que poca gente sabe es que el genial artista checo fue además un destacado masón y esoterista. Una singular faceta que, unida a su carácter progresista y a sus ideales nacionalistas, terminó por incomodar a los nazis.
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Mucha había nacido en 1860 en una pequeña localidad de Moravia (en aquel entonces todavía parte del Imperio Austríaco), pero su pasión por el dibujo y la pintura le llevaron a trasladarse a Viena para completar sus estudios artísticos.
Con apenas veinte años regresó a su región natal y comenzó a trabajar realizando pinturas decorativas y algunos retratos, y fue entonces cuando un noble local, el conde Kart Khuen, le encargó la decoración de su castillo.
Detalle del cartel para Sarah Bernhardt que le dio la fama | Crédito: Wikipedia.Mucha realizó un trabajo tan soberbio que el conde decidió sufragar sus gastos como estudiante en la Academia de Bellas Artes de Múnich y, desde allí, el joven artista acabaría trasladándose a París, auténtico centro artístico y cultural de la época.
Fue en la capital francesa donde Mucha se convirtió en uno de los mayores representantes del Art Nouveau, saltando a la fama gracias a un cartel publicitario realizado para la actriz Sarah Bernhardt y su obra teatral 'Gismonda'.
Desde ese momento, la popularidad de Mucha fue en aumento, creando numerosos carteles, escenografías teatrales, joyas y notables pinturas decorativas.
Fue en aquellas fechas de finales de siglo —concretamente en 1898—, cuando Mucha se inició en la masonería. Un paso nada extraño si tenemos en cuenta que durante sus años parisinos había estado en contacto estrecho con muchos simbolistas, muy aficionados a ideas y corrientes esotéricas.
Detalle de la portada de 'Le Pater' | Crédito: Artnouveau.atEste interés por las cuestiones herméticas y místicas —se sabe que también mostró interés por el espiritismo— se vio reflejado en sus obras, y en especial en su libro 'Le Pater' (1899), que él mismo ilustró, y en el que podemos ver un padrenuestro aderezado con una evidente simbología ocultista.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, su querida Checoslovaquia logró su independencia, y Mucha, de claros ideales nacionalistas, decidió regresar a su tierra.
Allí realizó numerosos encargos para el nuevo gobierno, incluyendo billetes, sellos y, sobre todo, lo que él mismo consideró como su obra maestra: 'La épica eslava', veinte pinturas de gran formato en los que plasmó la historia de los checos y el pueblo eslavo.
Uno de los enormes murales de la 'Épica eslava', su obra maestra | Crédito: Wikipedia.
En todos aquellos años de estancia en su tierra natal, Mucha nunca perdió el interés por las cuestiones esotéricas y la masonería. De hecho, a él se debe la aparición de multitud de logias en el país, llegando a convertirse en Gran Maestro de la Gran Logia de Checoslovaquia, ostentando el grado 33.
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Sin duda alguna, fueron sus ideas progresistas, masónicas y nacionalistas las que le pusieron en el punto de mira cuando, en el año 1939, los nazis invadieron Checoslovaquia.
Mucha estuvo entre los primeros en ser detenidos por la temible Gestapo y, mientras estaba preso, el anciano pintor —contaba entonces con 79 años— enfermó de una neumonía de la que nunca se recuperaría.
Aunque los nazis decidieron liberarle, ya era demasiado tarde. Alphonse Mucha, genio modernista y Gran Maestre de la masonería checa, fallecía el 14 de julio de 1939, víctima de una afección pulmonar.
