Imagen del Dominio Público, vía Wikimedia CommonsSaber cuáles son los peligros que ponen en riesgo a una especie no es suficiente, también hace falta saber dónde y cuándo dicha especie tiene que enfrentarse a ellos. Eso es precisamente lo que ocurre con la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), de la que hace tiempo se conoce su mayor enemigo: las redes de pesca. El problema era detectar en qué lugar y momento ambas se encuentran. Y los científicos han encontrado una alternativa.
El asunto no es sencillo. Este quelonio se encuentra entre los reptiles más grandes, ya que llega a medir más de dos metros y pesa en torno a los 600 kilogramos. Pero además es un ágil nadador que en sus migraciones llega a recorrer miles de millas naúticas desde los lugares donde realiza la puesta hasta sus zonas de alimentación.
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La técnica habitual para determinar la ruta de los animales acuáticos consiste en realizar estos seguimientos desde un barco o un pequeño avión. Este método no se puede utilizar con esta especie, por una parte, porque sus recorridos son muy largos y, por otra, porque pasa sumergida la mayor parte del tiempo.
Los investigadores idearon otra solución. Lo que hicieron fue acoplar unos arneses a la concha de 135 hembras de esta especie, tanto de la población del Pacífico Oeste como en la del Este. Cada uno de estos arneses llevaba un emisor GPS, capaz de enviar una señal con la localización exacta de cada ejemplar en el momento en que salían del agua.
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Gracias a los datos obtenidos con este estudio, los investigadores han obtenido dos conclusiones. La primera es que cada población se comporta de una manera diferente. La población occidental realiza una migración mucho más larga, pero más alejada de la costa. En cambio, la población oriental recorre la línea de costa, con lo que las posibilidades de encontrarse con redes de arrastre se multiplican. Además, las tortugas del Este mantienen grupos de migración mucho más compactos, aumentando así el impacto.
La segunda es que, a pesar de las diferencias en el comportamiento, la solución es la misma para ambos grupos. Al tener ya controladas tanto las fechas como las rutas de migración, resultaría sencillo fijar una moratoria de pesca, una temporada en la que no se utilizasen estas redes para permitir el paso de estos reptiles. De esta manera se podrían evitar la mayoría de las muertes de estos animales, que en los últimos 20 años han visto disminuir su número en un 90%.
