Por Steve Jurvetson, vía Wikimedia CommonsLas personas que viven en grandes ciudades no suelen tener contacto con animales salvajes. Es muy raro encontrar mamíferos de gran tamaño en cualquiera de las urbes del planeta, tales como lobos u osos. Este tipo de convivencia, a menudo complicada, es mucho más común en zonas rurales. O así ha sido hasta ahora. En la última conferencia EcoSummit, una de las más prestigiosas que se organizan, se dio a conocer la última colonización por una especie salvaje de un entorno urbano: una población de coyotes que viven en los suburbios de la ciudad de Chicago.
Pero este hecho no es lo más interesante de la presentación. Los resultados de este estudio hacen sospechar que otras especies, aún de mayor tamaño como osos o pumas, pueden ser los siguientes en migrar hacia las ciudades.
Según explicó Stan Gerth, profesor del departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Ohio, ya hay una población estable de estos carnívoros viviendo en las afueras de Chicago. Cuando se estudian estos animales, uno de los factores más importantes es conocer el área en el que viven, la cantidad de terreno que necesitan para sobrevivir. Y resulta que es la más pequeña conocida hasta el momento. No llega a un kilómetro cuadrado.
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Hay una explicación muy clara, según los investigadores, por la que esta manada vive en un territorio tan restringido. El área que emplea una población está relacionada con la cantidad de recursos que pueden encontrar. Y en el caso de los suburbios, tienen a su disposición una gran cantidad de comida y acceso fácil a fuentes de agua. Así que no necesitan ocupar más sitio.
Esta es también la razón por la que los investigadores esperan que otros mamíferos recorran el mismo camino. Las ciudades ofrecen una gran cantidad de recursos y limitan la competencia entre distintas especies. En cambio, los espacios naturales donde habitan estos animales cada vez son más reducidos, y los recursos más limitados.
El problema que plantean estas colonizaciones es el de la cohabitación. No es solo que tener a estos animales de vecinos suponga una serie de riesgos. Por la experiencia que se tiene en zonas rurales, la población humana no siempre está deseosa de compartir su espacio con depredadores de ese tamaño. Pero los programas de erradicación son muy costosos, y no siempre resultan efectivos.
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Los expertos también explican que, en circunstancias normales, estos animales no atacarían a los seres humanos. Bastaría con levantar y agitar los brazos para espantarlos, o incluso lanzar una piedra en su dirección.
