Leones siendo alimentados en el Parque Orana de Fauna Salvaje. Por Greg Hewgill, via Wikimedia CommonsMuchas asociaciones dedicadas a la conservación de grandes felinos, especialmente en el caso del león (Panthera leo) ofrecen "paseos salvajes", actividades en las que los turistas pueden pasear con ejemplares de estas especies en su hábitat natural. Algunas incluso tienen programas de voluntariado, en los que personas concienciadas trabajan de manera gratuita (o incluso pagando) para conseguir que estos animales puedan vivir en libertad. El problema es que, según ha demostrado claramente un equipo de especialistas, esto no es más que un mito.
La revista que recoge este artículo es una de las más prestigiosas en el ámbito de la conservación de especies, la revista Oryx. Y el grupo de especialistas incluye a miembros de la organización Panthera, del grupo de especialistas en grandes felinos de la UICN y de grupos de investigación de distintas universidades.
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El artículo analiza los éxitos de reintroducción de los animales criados en cautividad. Y los resultados son bastante contundentes: no existe ningún caso en el que los animales que provienen de estos programas hayan sobrevivido en la naturaleza. Los individuos que provienen de estos programas están domesticados, educados para que no ataquen a los seres humanos. Además, se les alimenta de manera artificial, con lo que no aprenden a cazar y dependen totalmente del ser humano para llevar a cabo todas sus funciones.
Tal y como explican los autores del artículo, no todo es malo. Es cierto que estas experiencias de "convivencia" con los grandes felinos sirven para concienciar de la importancia que tiene conservar estas especies. El problema es que detrae recursos de los programas que realmente están dando frutos.
A día de hoy, los programas que más éxito están teniendo en la conservación de esta especie son los llevados a cabo por las autoridades locales, con la ayuda y asesoramiento de organismos internacionales y organizaciones conservacionistas. Básicamente, consisten en relocalizar a los animales, dirigiéndolos hacia espacios protegidos. En estas zonas, los animales tienen recursos suficientes y un hábitat adecuado, y resulta más fácil monitorizar las poblaciones para adaptarse a sus necesidades.
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A pesar de estos esfuerzos, la situación de esta especie resulta preocupante. Aunque aún está catalogada como "vulnerable", una situación de amenza menor, se considera que ya ha perdido el 80% de su territorio y que tan solo quedan 30.000 ejemplares en la naturaleza. Si no se detiene su declive, corre el peligro de seguir el mismo camino que su primo, el muy amenazado tigre.
