Un macho de Anolis sagrei. Por Ianare, vía Wikimedia Commons]¿Qué es más importante para sobrevivir, ser mejor que tu enemigo o ser mejor que tus iguales? Esta pregunta es bastante común en biología evolutiva, aunque se suele formular de otra manera. ¿Es más importante la presión por competencia, o por depredación? Con esta pregunta en mente, un grupo de investigadores del Dartmouth College diseñaron un experimento muy interesante, en el que utilizaron como laboratorio natural una serie de islas de las Bahamas.
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La idea del experiemento surge del concepto de "la supervivencia del más apto". Con esta frase, los biólogos evolutivos se refieren a la idea de que solo los individuos mejor adaptados, aquellos que tienen alguna característica que les hace destacar sobre sus iguales, son capaces de sobrevivir. El problema es que resulta muy difícil saber qué significa realmente "mejor adaptado". En distintas especies implica cosas muy distintas, y ni siquiera tiene por qué ser siempre lo mismo.
Para un reptil de este tipo que vive en una isla, podemos pensar que ser más grande es una ventaja. A fin de cuentas, si eres más grande es más fácil poder defenderte. Y si llega el punto en que no puedes defenderte, mejor que puedas correr más que el resto de miembros de tu especie. Ambas características funcionan igual de bien cuando te enfrentas a un depredador que a un congénere luchando por tu alimento. Además, son atributos fáciles de medir, por lo que el anole marrón (Anolis sagrei), nativo de Cuba y Bahamas, era el candidato perfecto.
El siguiente paso era determinar si las presiones por competencia, las que producen los miembros de la misma especie, eran más importantes que la depredación. El problema es que, en en condiciones normales, los dos factores se dan al mismo tiempo. Así que había que eliminar una de ellas, y comparar los resultados. Para conseguir esto, cubrieron por entero algunas islas, de pequeño tamaño, con una red que impedía que las aves pudiesen cazar a los lagartos. Los pájaros son los principales depredadores de esta especie en el archipiélago.
Pero la cosa no quedó ahí. Para asegurarse de la potencia con la que la depredación actúa sobre la especie, decidieron aumentar la presión selectiva. La manera de hacerlo era introducir más depredadores, en concreto serpientes, en algunas de las islas que no habían sido aisladas. Y para completar el cuadro, en la mitad de las que habían sido cubiertas aumentaron la densidad de lagartos, llevando ejemplares desde islotes cercanos.
De esta manera, contaban con cuatro escenarios. En uno todo seguía como siempre, en otro se eliminaba la depredación, en el tercero se aumentaba ésta, y en el último crecía la competencia. Cuando tuvieron los datos, la conclusión resultaba obvia. Las muertes provocadas por los depredadores eran aleatorias, resultaban comidos casi por igual los individuos pequeños y grandes. En cambio, en las islas en las que se había aumentado la competencia, los lagartos más grandes y más veloces sobrevivían mejor. En este caso, la presión por compentencia resultaba mucho más poderosa que la depredación.
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