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    Apuntes de Naturaleza

    La increíble defensa del gallipato

    Pleurodeles waltl. Por Ark, via Wikimedia CommonsEn biología evolutiva se utiliza mucho el símil de la carrera armamentística. Los animales desarrollan estrategias para defenderse de sus depredadores, y estos adaptan las suyas para atrapar a las presas, en un ciclo sin fin. Algunos mecanismos de defensa de las presas pueden resultar muy simples y obvios, como correr muy rápido y en zig-zag para ser más difíciles de atrapar. Otros son más imaginativos, como el del gallipato (Pleurodeles waltl), que saca sus costillas por los laterales de su cuerpo al mismo tiempo que segrega un veneno.

    La estrategia del gallipato se conoce desde hace mucho tiempo. Este anfibio, que solo puede encontrarse en España, Portugal y el noroeste de Marruecos, utiliza sus costillas a modo de lanzas, de tal manera que los depredadores se hieran al intentar cazarlos y se decidan por otro animal que les dé menos problemas.

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    Lo que se desconocía hasta ahora era el mecanismo biológico que se encontraba detrás de ello. Se pensaba que las costillas salían por unos poros que se encontraban en la piel, dejando la vía de entrada y salida siempre abiertos. Resulta que la cosa es más complicada de lo que parecía.

    Tal como explican en un reciente artículo publicado en Journal of Zoology, no existen esos canales. Lo que hace es girar ligeramente las costillas, lo que hace que parezca más grande y, por tanto, más peligroso, y atravesar su piel dejando al descubierto la punta de estos huesos, que estan afilados. Una vez que ha pasado el peligro, las costillas vuelven a su posición original y la piel comienza a curarse. Por suerte, la piel de los anfibios es conocida por su capacidad para regenerarse.

    Imagen de E. Heiss, autor del artículo

    El mecanismo debe resultarle doloroso al animal, pero el éxito como mecanismo de defensa lo compensa. Aun así, no está de más tener otras opciones. Por ejemplo, segregar una sustancia espesa, de aspecto lechoso y que sea venenosa, que cubra la punta de los huesos que han dejado al aire. De esta manera, cuando el depredador ataque o muerda al gallipato, el veneno entrará en la herida produciendo un fuerte dolor, o incluso la muerte del atacante.

    Gracias a este artículo se ha podido entender mejor un mecanismo que se conocía desde hace mucho tiempo. Lo que aún no se conoce es qué sustancias forman el veneno, y si ayudan al animal a cicatrizar sus heridas. Los investigadores responsables del trabajo ya están trabajando en resolver estas dudas.

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