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    Dos osos polares infectados por un virus de cebra

    Imágen de Craig Nagy, via Wikimedia CommonsEn 2010 se dio un caso muy interesante en el zoológico de la ciudad alemana de Wuppertal. Dos de los osos polares que vivían en este zoo, un macho llamado Lars y una hembra llamada Jenka, se pusieron enfermos. Se trataba de una encefalitis, una dolencia relativamente común que puede estar causada por numerosos factores. Pero cuando los cuidadores y veterinarios empezaron a buscar al patógeno causante, al virus o bacteria culpable de la dolencia, no eran capaces de dar con él. Dos años más tarde han publicado un artículo donde señalan al culpable: un virus del herpes que infecta a las cebras.

    En los parques zoológicos se reúnen animales que en la naturaleza jamás se encontrarían. Aún así, los patógenos no suelen ser un problema, ya que estos se especializan en infectar a un sólo tipo de animal, incluso en ocasiones a una única especie. A este hecho se le conoce como barrera específica.

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    En el caso del zoo de Wuppertal, el virus no sólo ha traspasado la barrera específica, sino que ha infectado a un animal muy distinto de su huésped original. Ni el hábitat natural, ni el tipo de alimentación son parecidos. Para entender cómo había sido capaz el virus de conseguirlo, los investigadores pasaron a estudiar su secuencia genética.

    Se trataba de un virus recombinante. Los virus del herpes son capaces de realizar un proceso por el cual dos virus distintos son capaces de intercambiar partes de sus secuencias genéticas, creando así un nuevo tipo completamente distinto del anterior. Por regla general, estos nuevos virus desaparecen poco después, ya que no son capaces de hacer ninguna de las cosas que hacían los otros dos. Pero en este caso, había sido capaz de infectar a un organismo completamente distinto.

    Una vez que se sabía qué era, hacía falta saber cómo había podido llegar de las cebras a los osos polares. En la naturaleza, los hábitats de estas dos especies son completamente distintos, y por tanto en el zoo sus habitáculos también lo son. Ninguno de los cuidadores de un animal trabaja con el otro, no se utilizan los mismos alimentos, y entre sus habitáculos hay más de 68 metros. Es decir, no existe ninguna vía para el contacto directo que necesitan este tipo de virus para propagarse.

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    Durante los dos años que ha durado la investigación, los científicos se han encontrado con un problema mayor. Cuando se pusieron en contacto con otros especialistas, uno de ellos les informó de un caso parecido en otro zoo. Y cuando lo estudiaron, pudieron comprobar que se trataba del mismo tipo de virus del herpes recombinante. Dado que entre los tres osos polares no hubo ningún contacto, se puede pensar que este virus ha pasado de la cebra al oso polar al menos en dos ocasiones.

    Los parques zoológicos realizan una función importante, aunque muchas veces criticada, en la conservación de la naturaleza. No sólo por permitir el contacto del público con animales que de otra manera no podrían conocer. La cría en cautividad que se realiza en este tipo de instalaciones puede ser la única solución para muchas especies. El caso de un virus traspasando la barrera entre especies no resulta alarmante, pero sí motivo suficiente para estar atentos.

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