Hace unos años unas proteínas se hicieron muy famosas. Se trata de los priones, una clase de macromoléculas orgánicas que tenían capacidad infecciosa. Eran las responsables de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, la forma humana de la “enfermedad de las vacas locas”. Pero un estudio reciente ha demostrado que ni estos priones son tan poco comunes, ni son tan peligrosos. Al menos, no siempre.
En el artículo publicado en la revista Journal of Neuroscience se explica que todos los seres humanos producimos estas proteínas de manera natural. De hecho, cumplen una función muy importante. En su forma no infecciosa – su forma natural, para entendernos – colaboran en la transmisión del impulso nervioso, contribuyendo a mejorar la plasticidad neuronal.
La forma en que trabajan estas proteínas aún no está claro, pero sí el efecto que tienen. La presencia de estas moléculas facilita la estabilidad de otra proteína presente en todas las neuronas, la mielina. Esta sustancia es imprescindible en el
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![Imagen de satélite de un bloom algal en el Delta del Volga. Por Jeff Schmaltz/NASA [Dominio Público], via Wikimedia Commons](http://l3.yimg.com/bt/api/res/1.2/L3O2wy02dGTQNVhOjgnwLw--/YXBwaWQ9eW5ld3M7cT04NTt3PTMxMA--/http://media.zenfs.com/es-ES/blogs/naturaleza/VolgaDelta_AMO_2005jun11.jpg)
