Una taza de caféImagina que has cumplido tu sueño espacial y formas parte de la tripulación de la ISS que realiza experimentos ahí arriba. Te levantas (es un decir, porque has flotado) un amanecer (es otro decir, porque cada día terrestre se contemplan unos 15 amaneceres ahí arriba) y te dispones a prepararte un humeante y reconfortante café. Ahí es cuando recibes el primer chasco del día.
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Y es que a pesar de que el café ha acompañado a los astronautas desde el comienzo del programa Apolo, la idea básica viene a ser un sobre con café liofilizado que se reconstruye al aplicarle agua caliente a 70ºC. Existen varias opciones, con cafeína o sin ella, con edulcorante o con azúcar, con crema de leche o solo, y combinaciones de todo lo anterior. Todas con algo en común... saben mal.
Normal, teniendo en cuenta que la liofilización puede provocar pérdidas aromáticas en los compuestos más volátiles del café. Por no hablar de ese fenómeno psicológico
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