Ariel Castro en su primera comparecencia ante un juez (John Gress/Reuters)En ese momento de la tarde del lunes pasado en el que la casa de Ariel Castro dejó de ser vivienda para convertirse en escena del crimen -el del secuestro de tres chicas que duró prácticamente una década- su dueño dejó de ser un conductor de autobuses en Cleveland (Ohio) despedido el año pasado para convertirse en uno más de esos monstruos que nadie sospechaba que vivía entre ellos.
Por eso le resulta tan fascinante al público estadounidense el desentrañar los recovecos de su personalidad y por eso se le ha otorgado tanta urgencia a una carta supuestamente redactada por el principal sospechoso del crimen más sonado del momento en 2004.
En el documento, que la policía ha incautado junto con las cadenas, sogas y cerraduras que había hallado en la vivienda, Castro confiesa sus crímenes y expresa su deseo de suicidarse por la repugnancia que le producen sus propios impulsos sexuales. "Necesito ayuda", concluía, planteándose si, después de su hipotético suicidio, no debería donarle "todo el
Más información »de Ariel Castro, principal sospechoso del secuestro en Cleveland: “Soy un depredador sexual. Necesito ayuda”










